Una investigación revela que un almacén de la compañía Amazon en Las Vegas desmonta ejemplares impresos, escanea sus páginas y destruye los originales para alimentar modelos de IA, contradiciendo las declaraciones previas de la empresa.
El enigma de los pedidos masivos
Todo comenzó con una sospecha. Durante meses, un librero independiente que vende a través de Biblio (un mercado que protege el anonimato de los compradores) observó un patrón inquietante: pedidos inusualmente grandes, de cientos o incluso miles de libros, sin ninguna conexión temática aparente entre los títulos.
Esos pedidos NO parecían destinados a la reventa, ni a una colección personal. Eran obras variadas, muchas de ellas descatalogadas o de baja rotación, adquiridas en bloque como si el valor no estuviera en los libros mismos, sino en algo que pudiera extraerse de ellos.
El librero accedió a colaborar con el periodista Emanuel Maiberg (de San Francisco) en un experimento singular: ocultar un dispositivo Apple AirTag de 29 dólares dentro de un volumen de uno de esos pedidos. Lo que siguió fue, un viaje de semanas que terminó revelando una operación industrial de digitalización y destrucción de libros en una instalación de Amazon.
El viaje del libro rastreado
Los datos de localización del AirTag trazaron una ruta de cuatro estados. El paquete voló primero a Milwaukee y permaneció dos semanas en un centro de distribución cerca de Kenosha (Wisconsin). Luego, un camión lo transportó hacia el oeste, con una parada nocturna en Grand Junction (Colorado). Su última posición registrada, lo situó en la sección norte de un complejo de instalaciones de Amazon conocido como LAS8, al noreste de Las Vegas.
LAS8 funciona, principalmente, como un centro de impresión bajo demanda donde se fabrican libros. Pero una unidad independiente, ocupa la parte norte del mismo edificio.. Los empleados la denominan VGT3 y según describieron en varios foros en línea, en su entrada se muestra la imagen de un Tyrannosaurus Rex sujetando un libro abierto: esto NO es una casualidad decorativa*, allí dentro los libros **NO se imprimen: se ASESINAN.
Dentro de VGT3: la línea de desguace de libros
Los testimonios de los trabajadores pintan un cuadro preciso: a VGT3 llegan palés enteros de libros, el personal corta los lomos para acelerar el proceso de escaneo. Luego, cada ejemplar se registra con su código ISBN antes de digitalizar las páginas, creando un archivo acumulativo de los títulos ya procesados.
Ese registro, permite identificar qué obras faltan por escanear y dirigir nuevas compras hacia esas carencias específicas: “Lo único que hacemos es escanear libros”, resumió un empleado.
Una vez digitalizado el contenido, los originales impresos se desechan, vamos se eliminan para siempre. El libro como objeto físico deja de existir y solo se queda guardado su texto convertido a datos tras el escaneo de Amazon: contenido que, ¿Pasar a ser considerado contenido original escaneado de Amazon?
La evidencia del viaje de este Airtag, contradice directamente la declaración anterior de Amazon al respecto, en la que la compañía negaba la destrucción de los libros durante el escaneo.
La respuesta de Amazon y un silencio consisten sobre la IA de la compañía
En su única respuesta pública, Amazon, evitó cualquier referencia en relación a la inteligencia artificial. Un portavoz declaró que, la empresa de Amazon “compra libros a través de canales comerciales” para “ayudar a desarrollar y mejorar sus productos y servicios”.
Pero NO da explicación alguna de lo que sucede con los libros físicos después del escaneo, ni ofrece ninguna explicación del por qué se cortan los lomos a esos libros, algo que ya está completamente contrastado y confirmado.
La omisión es significativa. Dos empresas competidoras en el desarrollo de Ila A, Anthropic (Claude) y xAI (Grok), ya han adoptado posturas más firmes. Anthropic afirmó que sus esfuerzos de adquisición de datos evitan la compra y destrucción de libros raros o antiguos pero reconoce que si existe la destrucción de libros en el resto de casos, y xAI respaldó públicamente esa posición.
En cambio, Amazon no ha ofrecido ninguna garantía similar.
¿Por qué los libros antiguos? El colapso del modelo
La preferencia por títulos anteriores a 2022 no es arbitraria. Responde a un fenómeno conocido como colapso del modelo, documentado por investigadores de Oxford, Cambridge e Imperial College London en julio de 2024. Cuando los sistemas de IA se entrenan repetidamente con su propio texto generado, pierden gradualmente precisión y variedad a lo largo de las generaciones.
El resultado es, una degradación progresiva de la calidad del contenido.
Un análisis independiente de Ahrefs sobre casi 900.000 páginas web recién publicadas reveló que el 74,2 % ya contenía contenido generado por IA en abril de 2025. Ante este panorama, los libros impresos anteriores a la explosión de la IA generativa se han convertido en una fuente altamente valiosa de texto humano NO contaminado por la inteligencia artificial.
ISBNdb, una empresa especializada en metadatos de libros, ofreció brevemente títulos impresos anteriores a 2022 a empresas de IA como material libre de texto generado por máquinas. La página de marketing fue eliminada en julio de 2026 y la empresa, lo describió posteriormente como una prueba no publicada para evaluar el interés del mercado.
El laberinto jurídico
El marco legal que rodea estas prácticas es complejo y está lejos de ser uniforme.
En junio de 2025, el juez de distrito estadounidense William Alsup dictaminó que convertir un libro físico adquirido legalmente en un archivo de entrenamiento digital constituye un uso legítimo transformativo según la ley de derechos de autor. Sin embargo, esa decisión proviene de un único tribunal de distrito que no fue apelada, pero que carece de validez fuera de su jurisdicción.
Un informe separado de la Oficina de Derechos de Autor de Estados Unidos, advirtió que el entrenamiento comercial en inteligencia artificial NO se considera automáticamente uso legítimo en todos los casos.
La doctrina de la primera venta, permite a los propietarios deshacerse de un ejemplar físico adquirido como deseen. Combinada con la sentencia de Alsup, esta doctrina crea un vacío legal que permite operaciones como VGT3 sin infringir la ley estadounidense de derechos de autor.
Los autores cuyos libros de segunda mano son comprados y escaneados no reciben notificación, ni compensación alguna del trato dado a ese libreo, ni por la absorción de los datos para su posterior uso directo dentro de proyectos de IA.
Fuera de Estados Unidos, las normas son más estrictas. Según un especialista en propiedad intelectual de la Universidad de Oxford, la legislación británica exige consentimiento tanto para recopilar un conjunto de datos de entrenamiento como para ejecutar el proceso, sin un equivalente al uso legítimo estadounidense. La asociación alemana de editores y libreros ha declarado que, escanear libros con fines de inteligencia artificial infringiría la ley alemana de derechos de autor independientemente de cómo se hayan obtenido los ejemplares.
Más, aquí entra el juego un nuevo vacío legal, puesto que este tipo de empresas son expertas en encontrar este tipo de vacío en post de su posterior beneficio. Y es qué, ya está más que demostrado que algunas de las empresas de IA, concretamente Anthropic de Cluade, ya han comprado libros antiguos publicados y vendidos dentro de territorio europeo o de fuera de estados unidos..
Estos libros, una vez que llegan a estados unidos pasan a tener el mismo trato que cualquier otro libro que accede a la cadena de absorción y destrucción de las empresas de IA en post de, robar el contenido de esos libros para el beneficio de entrenar sus aplicaciones y softwares de IA.
¿Qué ocurre en estos casos? Pues básicamente, NADA. De hecho, para las empresas de IA estadounidenses les puede llegar a ser incluso más beneficioso que el comprar en la propia USA, puesto que los autores tienen mucho más complejo el hecho de poder llegar a reclamar el uso de sus contenidos ante la legislación de estados unidos. Y por tanto, es mucho más sencillo para las empresas el saltarse cualquier tipo de posible denuncia de cara al futuro.
Precedentes y contexto
Este NO es el primer caso conocido de una operación de este tipo. Documentos judiciales desclasificados durante el caso Bartz contra Anthropic revelaron el programa interno llamado Proyecto Panamá supervisado por Tom Turvey, anteriormente jefe de alianzas de Google Books. El proceso era idéntico: cortar los lomos, escanear las páginas y destruir por completo los libros originales.
En julio de 2026, Anthropic cerró un acuerdo por derechos de autor pagando alrededor de 3.000 dólares por obra en 482.460 títulos, la mayor indemnización conocida de este tipo en una demanda colectiva en Estados Unidos. El mismo litigio, también abordó más de siete millones de libros que Anthropic había obtenido de fuentes piratas como Library Genesis y Pirate Library Mirror.
Otros desarrolladores de IA, ya enfrentan demandas similares. Hachette Book Group, Cengage Learning, Elsevier y el autor Scott Turow interpusieron una demanda contra Google en julio de 2026 en relación con los datos de entrenamiento de Gemini, alegando que la empresa había eliminado o modificado información sobre derechos de autor de las obras incorporadas.
Amazon, también ha sido criticada por sus prácticas de consentimiento, su filial de Twitch introdujo una opción el 12 de agosto de 2026 para que los streamers optaran por NO participar en el entrenamiento de IA generativa. Después de que los usuarios descubrieran que todas las cuentas ya habían sido inscritas automáticamente antes de que esa opción estuviera disponible.
Por lo tanto, si no deniegas ese permiso a Amazon, la propia Amazon se apropiará del derecho de poder utilizar tus contenidos bajo el uso de IA en post de su propio beneficio y sin conocer en ningún caso el para qué se podría llegar a usar ese contenido en un futuro.
El valor que no se escanea
El librero que colocó el AirTag describió el envío como un artículo especializado o de baja rotación, no como un material de colección. Pero su reflexión final encierra una verdad incómoda para cualquier operación de escaneo masivo: “Existen diferentes tipos de valor”.
Hay un valor histórico y sentimental que no cabe en un archivo digital. Un libro no es solo un contenedor de texto: es un objeto con historia, con marcas de uso, con una presencia física que conecta a lectores y generaciones. Cuando una empresa corta el lomo de un libro, escanea sus páginas y arroja el cadáver a la basura, se extrae solamente una parte de su valor: la información. El resto se pierde irremediablemente.
Los autores NO reciben compensación por el robo directo de esa información, y los lectores NO son informados de la “descatalogación -> eliminación para siempre de ese libro”. Los **libros desaparecen silenciosamente convertidos en puntos de datos para entrenar máquinas que, irónicamente, que ya comienzan a reemplazar a los propios escritores a los que han robado pública y permisiblemente toda su información.
Un futuro incierto
La legislación actual, NO obliga a los compradores de libros a revelar su identidad ni el propósito de su compra. La doctrina de la primera venta, permite a los propietarios deshacerse de un ejemplar físico como deseen y mientras tanto la sentencia de Alsup siga siendo el único precedente en Estados Unidos, las operaciones como VGT3 pueden continuar sin infringir la ley federal de derechos de autor.
Pero legalidad NO equivale a legitimidad, la opacidad de Amazon ya deje entrever que lo que se hace NO es absoluto éticamente correcto y lo saben, la destrucción sistemática de libros y la **ausencia absoluta del consentimiento por parte de los autores para su escaneo plantean grandes preguntas éticas que ninguna decisión judicial podrá resolver por completo.
El rastro del AirTag terminó en un almacén de Las Vegas, pero la historia NO ha terminado aún, cada libro escaneado y destruido es una pequeña pérdida cultural. Y cada pérdida, sumada a miles de otras más, dibuja un futuro realmente inquietante: un mundo donde el conocimiento humano se extrae y se desintegra para hacerlo desaparecer para siempre, con el objetivo de apropiarse de él y reconstruirlo digitalmente en post de su beneficio, sin que absolutamente nadie pida permiso ni rinda cuentas sobre lo acometido.
La próxima vez que un libro desaparezca de un estante, quizá nunca sepamos adónde fue. Pero tal vez podamos intuir algo mucho más inquietante: que aquella pudo ser la última vez que alguien abrió sus páginas para leerlo.
Porque algunos libros ya NO desaparecen simplemente para cambiar de manos, ahora, también desaparecen para arrancarles sus palabras, secretos y conocimientos. Antes de, ser **ejecutados para siempre.
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