Mark Zuckerberg limita Estrictamente las Redes Sociales a sus Hijos: el debate sobre menores y salud mental

Caricatura del CEO de Facebook, Mark Zuckerberg

Con las leyes contra las redes sociales buscando la protección de los menores en auge (como el caso de Francia u Australia), considero interesante revivir las declaraciones de Mark Zuckerberg sobre el uso de redes sociales por parte de sus hijas de 2024.

Durante una audiencia en el Senado de Estados Unidos centrada en la seguridad infantil en internet, Mark Zuckerberg fue duramente cuestionado por el papel de Facebook e Instagram en el bienestar de niños y adolescentes.

Las preguntas giraron en torno a problemas tan graves como el ciberacoso, la exposición a contenido sexual, los trastornos alimentarios y los casos de depresión y suicidio vinculados al uso de redes sociales.

En ese contexto, Zuckerberg explicó que sus hijos (de 8, 6 y 1 años) NO utilizan los productos principales de Meta; y solamente, permitía a la mayor (de 8 años de edad) a usar de forma puntual una versión infantil de mensajería, diseñada específicamente para menores y siempre bajo la supervisión familiar.

Retrasar y Controlar el Acceso de los Menores a las Redes Sociales

Este enfoque resulta aún más significativo, si se tiene en cuenta que Meta afronta presiones políticas y judiciales por el diseño de sistemas considerados “psicológicamente manipuladores”, especialmente eficaces para generar uso compulsivo en adolescentes.

El mensaje implícito es potente: quienes mejor conocen el funcionamiento interno de estas plataformas saben que no son inocuas, y que su impacto en cerebros en desarrollo puede ser problemático si no existen límites claros.

Redes sociales y salud mental infantil

El debate sobre redes sociales y menores no se basa únicamente en opiniones personales o decisiones familiares de directivos tecnológicos.

En los últimos años, se ha acumulado una gran cantidad de evidencia científica que vincula el uso intensivo y desregulado de redes sociales con problemas de salud mental en jóvenes y adolescentes.

Diversas investigaciones coinciden en que un consumo excesivo se asocia con:

  • Aumento de la ansiedad y la depresión
  • Baja autoestima y percepción negativa de la propia imagen
  • Mayor sensación de soledad y aislamiento social
  • Insatisfacción corporal, especialmente en adolescentes
  • Incremento del riesgo de ideación suicida en perfiles vulnerables

Las redes no crean estos problemas de la nada, pero pueden amplificarlos y cronificarlos cuando se convierten en el principal espacio de validación emocional.

Instagram, la comparación constante y la presión social en adolescentes

Uno de los ejemplos más estudiados es el impacto de Instagram en la imagen corporal de las adolescentes. Tanto investigaciones internas como estudios independientes han señalado que esta red puede empeorar problemas de autoimagen en una parte significativa de las chicas jóvenes.

La dinámica es sencilla, pero profundamente dañina: comparación constante con cuerpos irreales, vidas aparentemente perfectas, búsqueda obsesiva de aprobación mediante “me gusta” y seguidores, y miedo permanente a quedarse fuera de lo que hace el grupo.

Este entorno genera un círculo de dependencia emocional, donde la autoestima queda ligada a métricas digitales y a la aceptación del entorno online.

Riesgos reales y cotidianos de las redes sociales en niños y adolescentes

Los peligros asociados al uso temprano de redes sociales no son abstractos ni teóricos. Se manifiestan de forma muy concreta en la vida diaria de muchos menores.

Ciberacoso y humillación pública

El acoso digital permite que insultos, burlas o la difusión de imágenes sin consentimiento se propaguen rápidamente y permanezcan en el tiempo. El impacto psicológico puede ser devastador, especialmente cuando el menor siente que no hay escapatoria.

Exposición a contenidos dañinos

Con pocos clics, los menores pueden acceder a contenidos que normalizan autolesiones, trastornos alimentarios, consumo de drogas o conductas de riesgo, sin contar con herramientas emocionales para procesarlos.

Adicción y pérdida de control del tiempo

Las plataformas están diseñadas para maximizar la permanencia. El resultado suele ser una pérdida progresiva de control, con horas robadas al sueño, al estudio, al deporte y a las relaciones presenciales.

Problemas de sueño y rendimiento escolar

El uso nocturno de móviles y redes sociales se asocia a insomnio, menor calidad del descanso y descenso del rendimiento académico, generando un círculo de estrés y cansancio difícil de romper.

Deterioro de la socialización presencial

Cuanto más peso adquiere la interacción digital, más se resienten las relaciones cara a cara, aumentando la sensación de soledad incluso en menores con muchos contactos online.

¿Qué recomiendan los expertos en infancia y adolescencia en España?

Las principales entidades pediátricas y de salud infanto-juvenil en España coinciden en una idea central: cuanto más se retrase el acceso a redes sociales, mejor para el desarrollo del menor.

Entre las recomendaciones más habituales destacan:

  • Evitar la exposición a pantallas en los primeros años de vida
  • Limitar tiempo y contenidos en edad escolar, priorizando dispositivos compartidos
  • Respetar la edad mínima legal de 13 años para crear cuentas en redes sociales
  • Retrasar el uso real de redes abiertas hasta los 14–16 años si el entorno lo permite
  • Educar activamente en privacidad, reputación digital y gestión emocional antes del primer perfil

El consenso es claro: no existe un “uso totalmente seguro” de redes sociales en edades tempranas sin acompañamiento adulto.

¿Hipocresía o advertencia? El valor simbólico del caso Zuckerberg

Algunos interpretan la postura de Zuckerberg como una contradicción. Otros la ven como lo que realmente es: una advertencia.

Cuando el fundador de Meta reconoce que sus hijas no usan sus productos principales, está enviando un mensaje implícito muy potente: ni siquiera quienes los diseñan consideran que sean adecuados para niños pequeños.

Este contraste entre el uso restringido en su entorno familiar y el acceso masivo de menores en todo el mundo pone el foco en una responsabilidad compartida entre empresas, gobiernos y familias.

¿Cómo proteger a los menores sin demonizar la tecnología?

Prohibirlo todo no suele funcionar, pero normalizar el “todo vale” es igual de peligroso. El equilibrio pasa por un uso gradual, consciente y acompañado.

Algunas claves fundamentales:

  • Retrasar el acceso a redes sociales abiertas todo lo posible
  • Priorizar entornos cerrados y supervisados en etapas tempranas
  • Establecer normas claras de tiempo, horarios y espacios sin pantallas
  • Fomentar el diálogo y la confianza, no el control oculto
  • Dar prioridad a la vida fuera de la pantalla como base del desarrollo

La tecnología debe ser un complemento, no el eje central de la vida emocional del menor.


Conclusión

Que Mark Zuckerberg limite el acceso de sus hijas a sus propios productos no es un detalle menor. Es una señal de alarma que coincide con la evidencia científica y las recomendaciones de especialistas en salud infantil.

Si quienes mejor conocen estas plataformas aplican criterios de prudencia en casa, resulta razonable que las familias hagan lo mismo: retrasar, acompañar y regular, en lugar de delegar la educación emocional de los menores en algoritmos diseñados para maximizar la atención.

El reto no es solo tecnológico, sino educativo y social. Y en ese equilibrio delicado entre conexión y protección, el ejemplo de quienes conocen el sistema desde dentro debería servir como referencia clara para padres, docentes y responsables políticos.