El temible Tyrannosaurus rex, uno de los depredadores más famosos que han existido, podría haber caminado y corrido más como un ave gigante que como el monstruo pesado que solemos ver en películas.
Así lo sugiere un nuevo estudio publicado en la revista científica Royal Society Open Science.
La investigación concluye que este dinosaurio del Cretácico tardío apoyaba principalmente los dedos del pie al moverse, una locomoción conocida como marcha digitígrada. Este tipo de pisada habría permitido al animal moverse hasta un 20 % más rápido de lo que estimaban algunos modelos anteriores.
Los resultados refuerzan una idea que lleva años ganando fuerza en paleontología: los grandes dinosaurios terópodos estaban estrechamente relacionados con las aves modernas.
Un pollo de ocho toneladas
El estudio fue dirigido por Adrian Boeye, estudiante de biomecánica del College of the Atlantic en Estados Unidos. El equipo analizó la estructura de las patas y pies de cuatro especímenes bien conservados de T. rex.
Entre ellos se encontraba “Sue”, uno de los esqueletos más famosos del mundo, exhibido en el Field Museum of Natural History de Chicago.
Además del análisis óseo, los investigadores estudiaron huellas fósiles de tiranosaurio de casi un metro de longitud. Estas mostraban marcas más profundas bajo los dedos, lo que sugiere que el animal depositaba la mayor parte de su peso en la parte delantera del pie.
Para comprobarlo, el equipo comparó tres modelos de locomoción:
- pisada apoyando el talón
- pisada apoyando el centro del pie
- pisada apoyando los dedos
El tercer modelo resultó ser el más eficiente para aumentar la velocidad, ya que permitía incrementar la frecuencia de zancada en lugar de su longitud, una estrategia muy común en aves.
El paleontólogo Steve Brusatte, de la University of Edinburgh, que no participó en la investigación, resumió la idea de forma llamativa: el T. rex podría haber sido “como un pollo de ocho toneladas corriendo por el corral”.
Más rápido que Usain Bolt (en algunos casos)
Las simulaciones también ofrecieron nuevas estimaciones sobre la velocidad del dinosaurio.
Los resultados dependen mucho del tamaño del animal:
- T. rex juveniles (≈1,4 toneladas)
- velocidad máxima: 11,4 m/s
- equivaldría a recorrer 100 metros en 8,77 segundos
- T. rex adultos grandes (≈6,5 toneladas)
- velocidad máxima: 9,5 m/s
Para ponerlo en contexto, el récord mundial de los 100 metros pertenece a Usain Bolt con 9,58 segundos. Esto significa que los ejemplares jóvenes podrían haber sido más rápidos que el ser humano más veloz registrado.
En cambio, los adultos gigantes habrían corrido a velocidades más moderadas, comparables a las de un dragón de Komodo moderno.
Esta diferencia sugiere que los T. rex jóvenes y adultos podrían haber cazado presas distintas, adaptando su estrategia de caza a su tamaño.
Un nuevo modelo para entender cómo se movían los dinosaurios
Durante años, varios estudios biomecánicos habían sugerido que el T. rex ni siquiera podía correr, ya que las tensiones sobre sus huesos habrían sido demasiado grandes.
Uno de los trabajos más influyentes fue el del paleontólogo William Sellers de la University of Manchester, que concluía que el animal estaba limitado a velocidades de caminata rápida.
El nuevo estudio no niega completamente esas conclusiones, pero propone un marco biomecánico distinto:
- postura más agachada
- pisada sobre los dedos
- piernas funcionando como amortiguadores
Este sistema podría haber permitido al dinosaurio mantener estabilidad incluso a velocidades relativamente altas y en terreno irregular.
Más parecido a un ave de lo que imaginábamos
La marcha de puntillas se suma a una larga lista de rasgos que conectan a los dinosaurios terópodos con las aves modernas:
- plumas primitivas
- huesos huecos
- estructuras similares a espoletas
- postura corporal y locomoción similares
Cada nuevo hallazgo refuerza la idea de que las aves actuales son, en realidad, dinosaurios modernos.
Para museos, documentales y representaciones populares del T. rex, esto podría significar un cambio importante: en lugar de un monstruo pesado y torpe, el verdadero rey de los dinosaurios probablemente se movía con la agilidad de un ave gigante.
