Al pensar en The Elder Scrolls IV: Oblivion, muchos recordamos no solo su vasto mundo y libertad sin igual, sino la magia caótica de una era en la que los videojuegos aún no sabían muy bien cómo controlar su ambición.
Casi dos décadas después, Oblivion Remastered llega para recordarnos que, a veces, los juegos no necesitan cambiar para seguir siendo perfectos.
Un Viaje Inolvidable al Corazón de Tamriel
Mi primer encuentro con Oblivion fue en una Xbox 360 “chipeada”, acompañada de un enorme portafolio de juegos piratas. En medio de títulos como Gears of War, Viva Piñata y Dead or Alive 4, descubrí un RPG que me llevó a un mundo que simplemente nunca había experimentado antes.
Oblivion ofrecía colinas verdes interminables, lagos cristalinos y una libertad tan brutal como mágica. Salías de las alcantarillas imperiales después de un inicio lineal, y de pronto tenías todo un continente a tus pies. Quests inesperadas, enemigos únicos y una sensación de descubrimiento constante que solo se puede describir como hechicería virtual.
Para muchos jugadores, este fue su primer verdadero RPG moderno. Hasta entonces, aventuras así estaban reservadas para el PC, escondidas bajo controles complicados y barreras que alejaban al jugador casual. Bethesda, tras el éxito de Morrowind en Xbox, supo que era hora de abrir las puertas, y Oblivion fue esa bienvenida gloriosa.
Un Remaster Que Respeta el Caos
Cuando se rumoreó el remaster, las expectativas fueron tan altas como el miedo a que “arreglaran” todo lo que hacía especial al juego. Sin embargo, Virtuos lo entendió: la magia de Oblivion está en sus fallas tanto como en sus virtudes.
Sí, el juego ahora tiene gráficos mejorados, texturas nítidas y una interfaz más pulida. Pero la esencia sigue intacta. A los pocos minutos del tutorial, tuve que recargar mi partida porque los NPCs quedaron atrapados por un bug. Y me encantó. Porque eso es Oblivion.
Los Fallos Son Parte del Encanto
Oblivion fue el primer gran escaparate de la reputación de Bethesda: mundos masivos llenos de bugs, pero también de alma. Esos bugs ahora son parte de la nostalgia. NPCs que se interrumpen entre sí, combates que dependen más de física errática que de habilidad, y un creador de personajes que todavía permite horrores inimaginables. Todo eso sigue aquí.
Virtuos podría haberlo limpiado todo, pero en vez de eso, lo pulió para que sus rarezas brillen con más fuerza. ¿Se puede duplicar ítems como antes? Aún no lo sé, pero si se puede… el remaster será aún más glorioso.
Un Recordatorio de Por Qué Amamos los Videojuegos
Oblivion Remastered no busca modernizar o reinventar lo que ya era especial. En cambio, celebra su herencia. Caminar por las calles de la Ciudad Imperial mientras escuchas líneas de diálogo sobrepuestas o ves a los NPCs actuar como si fueran parte de una obra escolar mal ensayada… es hermoso.
Porque este juego no se trata solo de gráficos o de rendimiento. Se trata de exploración, de libertad, de esa curiosidad infantil por ver hasta dónde puedes empujar un sistema antes de que colapse. Es un espejo de cómo los videojuegos pueden ser imperfectos y aún así inolvidables.
Conclusión
Oblivion Remastered no es una reinvención. Es un tributo. Uno que entiende que el alma de un juego no siempre se encuentra en la perfección técnica, sino en el sentimiento que despierta. Es un caos glorioso con una nueva capa de pintura, y eso lo hace más especial que nunca.
Disponible ahora en Xbox Series X/S, PlayStation 5 y PC, Oblivion Remastered no solo revive un clásico: lo reafirma como una obra maestra atemporal.
