La masa como tal necesita atraer hacia ella a otros, posee la determinación apasionada de abarcar a “todos”. Al mismo tiempo, reconoce como una constricción todo lo que se opone a su crecimiento y en poco tiempo desarrolla un sentido de persecución. Dicha persecución tiene una doble forma.
La agresión exterior a la masa como por ejemplo la crítica llevada a cabo por los órganos de prensa oficiales, no puede sino hacerla más fuerte la reafirma en sus propias posiciones; por el contrario, la agresión desde el interior, es decir La defección, la pérdida de usuarios, es verdaderamente peligrosa.
Los que se desvinculan y abandonan son percibidos como traidores, y su gesto individual como un chantaje, como una acción inmoral. La masa es siempre una «fortaleza sitiada» en dos frentes, dentro y fuera de los muros.