La paciencia tiene un límite, incluso en la televisión pública. Y ese límite, según parece, lo ha sobrepasado La familia de la tele, el espacio presentado por María Patiño en TVE.
Un grupo de trabajadores de RTVE —con el sindicato USO a la cabeza— ha lanzado una recogida de firmas en Change.org para exigir, sin rodeos, la retirada inmediata del programa.
¿El motivo? Una audiencia que no levanta cabeza y un impacto en la parrilla que empieza a preocupar seriamente a los profesionales de la casa.
La recogida de firmas, titulada con la sutileza de un cañón: “La familia de la tele sigue perdiendo audiencia y arrastra a La 1”, argumenta que el programa “genera una creciente controversia tanto en términos de contenido como de percepción pública”.
Dicho de otro modo: ni gusta, ni entretiene, ni convence.
5.310.414 euros se invierten en pagar el programa y a la infinidad de colaboradores con pasados turbios, que sí, ahora mismo han pasado a vivir directamente de tus impuestos y que exclusivamente se encuentran en un programa público.
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Audiencia en caída libre y cero conexión con el público
Desde su estreno, La familia de la tele ha protagonizado una auténtica montaña rusa y sin subida. Su tendencia es tan clara como preocupante: caída constante de espectadores mientras formatos como Valle Salvaje o La Promesa no solo resisten, sino que crecen.
Comparaciones odiosas, pero inevitables.
El sindicato USO no ha dudado en calificar los datos de audiencia como “insostenibles” y ha pedido a la dirección de RTVE que responda a preguntas incómodas:
- ¿Hasta dónde debe caer un programa para que se cancele?
- ¿Existe una cláusula de mínimos o aquí todo vale mientras haya decorado?
- ¿Quién será el responsable cuando llegue la inevitable cancelación? ¿Alguien dará la cara?
Recogida de firmas, con pocos clics pero mucha indignación
Aunque por ahora la petición apenas ha superado las 1240 firmas, su contenido es claro y contundente.
En ella se afirma que programas como La familia de la tele “banalizan la antena y deterioran la imagen de la televisión pública”, incumpliendo lo que se espera mínimamente de una apuesta financiada con dinero de todos.
La iniciativa, impulsada por el colectivo Mujeres de RTVE, concluye con una petición directa a la cúpula de la cadena: “Urgimos a la Dirección y al Consejo de Administración a la retirada inmediata del programa“.
Porque por muy variada que sea la oferta televisiva, incluso el entretenimiento tiene límites y la mayoría de los protagonistas de la La familia de la tele, ya han sobrepasado con creces todos los límites.
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Los Personajes de “La Familia de la Tele” que deberías conocer

Belén Esteban – La ex mujer de torero reconvertida en “éxito” social
Hablar de Belén Esteban es hablar de uno de los mayores fenómenos de la televisión basura en España. Convertida en celebrity por accidente y en marca registrada por supervivencia, Esteban ha transitado durante más de dos décadas por los márgenes más rentables del ecosistema mediático: el escándalo, el morbo y la exposición personal sin límites.
De “la ex de Jesulín” a icono de Telecinco
Su irrupción en la esfera pública vino, como tantas otras veces, de la mano de una relación sentimental con un torero famoso: Jesulín de Ubrique. Pero lo que parecía un episodio pasajero del folletín rosa se convirtió con el tiempo, en el origen de un personaje televisivo de largo recorrido.
Belén Esteban dejó de ser “la ex de” para convertirse en protagonista constante del relato, gracias a sabe dios que, su falta de filtros al hablar y su habilidad para polarizar a la audiencia.
Personaje por encima de la persona
En poco tiempo, pasó de plató en plató —Tómbola, DEC, Sálvame—, hablando una y otra vez de lo mismo: su vida personal. Pero Belén entendió algo que muchos aún no: el público no quiere verdad, quiere autenticidad emocional y eso ella lo supo dosificar.
A base de gritos, lágrimas, “y te lo digo yo que soy madre”, fue consolidando un personaje que hoy ya es cultura pop, meme perpetuo y carne de zapping.
Los escarnios públicos: salud, adicciones y el precio de la fama
Pero el viaje no fue gratuito. A cambio del trono como “la princesa del pueblo”, Belén Esteban pagó el precio de ser un cuerpo-espectáculo 24/7: se emitieron en directo sus altibajos emocionales, sus recaídas en adicciones, sus operaciones estéticas, su diabetes, sus enfrentamientos familiares, su inestabilidad laboral y hasta sus peores momentos de salud mental.
Cada crisis personal se convirtió en contenido televisivo, cada caída en una curva de audiencia. Belén Esteban ha sido víctima y verdugo del mismo sistema que la encumbró, sin que nunca quedase claro si el público la acompañaba por empatía, por morbo o por puro sadismo nacional.
El ocaso de una figura agotada?
En la última década, el personaje empezó a agotarse. Ni su presencia garantizaba ya el “minuto de oro”, ni su discurso aportaba nada nuevo; tras el fin de Sálvame, Belén Esteban quedó flotando en un limbo de colaboraciones puntuales, productos congelados con su rostro y un intento frustrado de reconvertirse en empresaria y opinadora seria.
Hoy en día, revivida por la televisión pública y asalariada a costa de tus impuestos. Sí, de tus impuestos.
Resumido
Belén Esteban no es una estrella, es un síntoma. Un espejo de lo que la televisión española estuvo dispuesta a explotar sin pudor: la emocionalidad desnuda, la ignorancia exhibicionista y el dolor en directo como entretenimiento de masas.
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Kiko Matamoros – Un ¿ex? drogadicto a cargo del salario público
Kiko Matamoros no es solo un tertuliano de televisión: es el epítome de cómo el cinismo, el morbo y la impunidad pueden convertirse en carrera profesional.
Su personaje ha sido durante años el músculo sucio de la telebasura, el encargado de lanzar el golpe que otros no se atrevían de desestabilizar, gritar, humillar y luego —con total frialdad— justificarlo todo con su pose de tipo duro y cultivado.
De las bambalinas a la primera línea de fango
Empezó como representante de artistas y acabó representándose a sí mismo como producto de la toxicidad televisiva. Su salto definitivo llegó con Sálvame, donde se consolidó como figura imprescindible del espectáculo del insulto.
Desde ahí ha girado en torno a realities, debates y platós convertidos en ring: siempre desde el conflicto, la arrogancia y el desprecio calculado por sus compañeros, la prensa o el público.
Adicciones, autodestrucción y la normalización del exceso
Pero lo que muchos callan, Matamoros —en parte— lo ha dicho a medias. Ha reconocido públicamente su adicción a la cocaína, en entrevistas en Sálvame Deluxe, en Lecturas y en varios programas de Mediaset. No de forma anecdótica: llegó a decir que consumió “durante más de 30 años”, en diferentes etapas de su vida y que nunca se había tratado realmente hasta que se vio contra las cuerdas.
Esta confesión, lejos de llevar a un relato honesto o de rehabilitación pública responsable se integró como parte del show, como otro elemento más del morbo que vendía.
Sus adicciones nunca le impidieron seguir en pantalla, ni le restaron poder mediático. De hecho, durante mucho tiempo, su imagen de “hombre de excesos” fue parte del personaje que Telecinco blanqueaba y rentabilizaba.
Mientras tanto, él seguía interviniendo en tramas familiares, criticando la conducta de otros y jugando al juez moral de vidas ajenas. Una hipocresía sistemática que el sistema mediático ha premiado una y otra vez.
Amenazas, manipulación y agresividad verbal
Kiko Matamoros ha sido también protagonista de múltiples episodios de violencia verbal e intimidación. Se ha enfrentado con decenas de compañeros, ha tenido causas judiciales abiertas y su comportamiento ha sido denunciado incluso por otras figuras del mundo televisivo como machista, controlador y prepotente.
Además, ha utilizado su posición para atacar o proteger selectivamente a figuras del medio, según sus propios intereses. Ha jugado con información sensible como si fueran armas. Ha vendido cada capítulo de su vida como si no tuviera consecuencias morales, ni límites.
El ocaso de un personaje desgastado
Hoy, aunque sigue apareciendo en televisión —Supervivientes, debates, colaboraciones puntuales—, su personaje está quemado ya se ve como algo normal. Ya no parece escandalizar.
La audiencia conoce demasiado su pasado y parece que ya cualquier cosa vale, incluso el premiar su “esplendida” carrera con un salario público a costa del estado español.
Resumido
Kiko Matamoros ha sido cómplice y protagonista de uno de los ciclos más oscuros de la televisión española. Un hombre que ha hecho del consumo de drogas, el abuso verbal, el escarnio y la impunidad sus herramientas de trabajo.
Mientras otros caían, él sobrevivía. Pero a estas alturas, su máscara está agrietada y su relato huele a agotamiento. Hasta que la televisión pública llega para reflotarlo con tu dinero. Sí, con tus impuestos.
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María Patiño – Supuesto “periodismo” convertido en morbo y faltas de respeto
María Patiño ha sido durante más de dos décadas una de las caras más reconocibles (y discutidas) de la llamada “prensa del corazón” en España.
Más, detrás de su imagen de periodista apasionada se esconde un personaje que ha jugado constantemente con los límites éticos, ha protagonizado múltiples polémicas mediáticas, y ha sido señalada en más de una ocasión por su doble rasero profesional.
De reportera a show woman de la telebasura
Su carrera comenzó en Galicia y pasó por varios programas como Sabor a ti o DEC en Antena 3. Pero fue con su fichaje por Telecinco cuando encontró su hábitat natural: un medio que premia el conflicto, el llanto, la manipulación emocional y la carnaza sin pudor.
Desde entonces, se convirtió en colaboradora y presentadora de programas como Sálvame, Socialité, Deluxe o La familia de la tele. Su estilo siempre ha sido el mismo: voz temblorosa cuando toca victimizarse, mirada dura cuando se trata de señalar con el dedo y cero autocrítica cuando el plató arde por su culpa.
Tele circo emocional
Patiño ha vendido siempre que lo suyo es “periodismo con alma” pero la realidad es otra: su trabajo ha consistido en dar exclusivas sin contrastar, alimentar guerras familiares, destrozar imágenes públicas y después justificarlo todo con que era su obligación informar.
Uno de los casos más criticados fue la difusión de informaciones privadas de personajes como Rocío Carrasco, Isabel Pantoja o José Fernando Ortega, a menudo sin pruebas documentadas o manipuladas para favorecer el relato que le interesaba a la cadena.
En el caso de Rocío, por ejemplo, Patiño mantuvo una actitud negacionista del testimonio de maltrato durante meses, incluso ridiculizándolo públicamente, para luego suavizar su discurso cuando la presión social fue insostenible.
Cirugía estética, mentiras y contradicciones
Otro aspecto que ha rodeado su figura es la obsesión por su imagen física. Ella misma ha reconocido haberse sometido a múltiples operaciones estéticas (rinoplastia, liposucción, aumento de pecho, retoques faciales) pero ha caído más de una vez en la contradicción de criticar a otras mujeres por hacer lo mismo o de negar ciertos retoques cuando eran evidentes.
Durante años jugó al despiste con su edad real, su vida privada, sus relaciones; mientras exigía transparencia total a los personajes que perseguía. Lo que es fiel reflejo de una hipocresía de manual.
Socialité, un manual absoluto de cómo NO debes hacer periodismo
Como directora y presentadora de Socialité, el programa ha sido denunciado públicamente por emitir noticias falsas, titulares sensacionalistas y fabricar testimonios, todo con tal de rellenar el directo.
Ex colaboradores han filtrado guiones manipulados, imágenes descontextualizadas e incluso la invención de romances o conflictos inexistentes para rellenar escaletas. Todo ello bajo su supervisión.
En 2023, Socialité llegó a ser objeto de una investigación interna por presunta vulneración de derechos de imagen y fue señalada por la propia Comisión de Deontología de Mediaset.
Nada de eso ha sido abordado de forma seria por Patiño, que sigue adelante como si nada y a lo suyo. Actualmente, en la televisión pública, sí. La televisión que se paga con tus mismísimos impuestos.
Escándalos de malas formas, momentazos lamentables y desprecios
- En directo ha tenido ataques de histeria, ha abandonado platós entre gritos, ha insultado a compañeros y ha llegado a manipular declaraciones de famosos como sucedió con el falso embarazo de Isa Pantoja o las peleas con Belén Esteban.
- Fue ridiculizada en redes tras difundir como exclusiva un dato falso sobre la herencia de Camilo Sesto y otro sobre el testamento de la madre de Isabel Pantoja, que nunca existió.
- En 2022 fue acusada de trato abusivo a redactores y becarios de Socialité, con testimonios que hablaban de gritos, desprecio y falta total de profesionalismo detrás de las cámaras.
Resumido
María Patiño es el ejemplo perfecto de cómo la televisión ha confundido el periodismo con el escándalo rentable. Ha construido su carrera sobre las ruinas emocionales de muchos personajes públicos, con un estilo agresivo, sensacionalista y lleno de doble moral.
Se emociona cuando le conviene, ataca cuando le conviene más y nunca ha pedido perdón por los daños que ha causado en la vida de otros. A estas alturas, no es una periodista.
Es un completo personaje que actúa simulando ser una periodista de circo y pandereta. Un producto de la televisión basura, con mucho colágeno pero poca verdad y que actualmente vive de tus impuestos.
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Isa Pantoja – Un juguete roto entre famoseo y famoseo
Isa Pantoja llegó a la vida pública sin pedirlo. Fue adoptada por Isabel Pantoja en Perú y desde entonces, su vida ha estado marcada por una exposición constante, una familia desestructurada y un sistema mediático que la convirtió en víctima, marioneta y cómplice de su propia explotación televisiva.
De niña invisible a figura de la crónica rosa
Durante muchos años, Isa fue la hija “no oficial” en la imagen pública de la tonadillera. Prácticamente invisibilizada en los grandes actos, mientras Kiko Rivera era el heredero mediático, Isa vivía a la sombra del clan, sin voz ni espacio.
Pero con la llegada de la adolescencia y los conflictos internos de la familia, su figura pasó de secundaria a codiciada por los platós.
Su primer gran salto fue participar en Supervivientes en 2015, donde sorprendió por su temple y su capacidad para llegar lejos, pero desde entonces ha ido encadenando platós, exclusivas y realities convertida en un personaje más de la fauna de Mediaset.
Conflictos familiares, traiciones públicas y espectáculo de traumas
La relación de Isa con Isabel Pantoja ha sido una montaña rusa de desprecios públicos, reconciliaciones televisadas y reproches económicos.
Ha vendido exclusivas hablando mal de su madre, ha grabado entrevistas en las que denunciaba desprecio, racismo encubierto y favoritismos, para luego volver a casa como si nada.
Su conflicto con Kiko Rivera (su hermano) ha sido también carne de reality: se han enfrentado en platós, redes y revistas, aireando intimidades familiares con total impunidad. Toda su vida por completo se ha convertido en un escaparate del dolor rentabilizado.
Además, ha sido utilizada por programas como “El programa de Ana Rosa” o actualmente “La familia de la tele de radio televisión española” como fichaje estrella, explotando el apellido y su tendencia a decir más de lo que debería.
La televisión ha hecho de su sufrimiento un negocio y ella lo ha asumido como moneda de cambio.
Vida sentimental con agresiones, rupturas y relaciones polémicas
Isa Pantoja ha protagonizado varias relaciones de alto voltaje mediático:
- Con Alberto Isla, el padre de su hijo, vivió episodios de toxicidad, rupturas constantes y presuntas infidelidades mutuas, todo en público.
- Con Asraf Beno, su actual pareja y ex concursante de Gran Hermano VIP, ha protagonizado momentos cuestionables: gritos, desplantes y escenas donde la línea del respeto se ha difuminado. Asraf ha sido acusado por parte del entorno familiar de manipular y aislarla, aunque Isa lo ha defendido sistemáticamente.
En varias ocasiones ha estado en el centro de especulaciones por presuntas agresiones verbales y físicas en sus relaciones, aunque ninguna ha acabado judicialmente.
Aun así, los testimonios cruzados hablan de entornos emocionales inestables y a menudo, peligrosos.
Una contradicción ambulante
Isa ha querido vender una imagen de mujer empoderada, madre responsable y figura seria. Ha estudiado Derecho (aunque no ha ejercido), ha participado en debates políticos, ha hablado sobre racismo y adopción.
Pero todo eso se contradice constantemente con su presencia en programas frívolos, su papel de tertuliana sin formación periodística y su dependencia del foco mediático para sobrevivir económicamente.
Dice querer una vida fuera del foco pero firma exclusivas constantemente. Habla de salud mental y estabilidad, pero acepta realities donde se exponen sus emociones al límite.
Es un personaje atrapado entre la necesidad de reivindicarse y el peso de haber sido fabricada como parte de la maquinaria Pantoja.
Resumido
Isa Pantoja es víctima del entorno, pero también cómplice del sistema que la devora. Su vida ha sido utilizada desde niña como espectáculo y aunque ha intentado encontrar su propia voz, no ha logrado desvincularse del personaje que la televisión fabricó para ella.
No es inocente, no es malvada; es una figura trágica y contradictoria: la hija de la tonadillera convertida en peón del circo, jugando a ser libre mientras su historia sigue intentando atraer a las audiencias.
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Entretenedores de la telebasura
Completa la terna, una larga lista de “supuestos periodistas” como por ejemplo: Lydia Lozano, Nuria Marín, Víctor Sandoval, Carlota Corredera, Chelo García-Cortés, Marta Riesco o Silvia Taulés.
De diferentes frentes, principalmente, personas que se consideran periodistas pero bueno.. Llevan bastantes años dando tumbos por la televisión y dentro de infinidad de “escándalos” y “noticias” que, no dejan de ser más shows que ellos se montan que noticias que realmente le importen una mierda a nadie.
Todos ellos, ahora mismo, están cobrando de tus impuestos y a costa del pago público.