La carrera de la IA está provocando un boom de deuda en las grandes tecnológicas

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La revolución de la inteligencia artificial no solo está transformando la tecnología: también está cambiando la manera en que las grandes empresas del sector financian su crecimiento.

Durante años, gigantes como Google, Meta y Amazon pudieron desarrollar nuevos proyectos principalmente gracias a los enormes ingresos que generaban sus negocios. Ahora, la carrera por construir la infraestructura necesaria para la inteligencia artificial está llevando a estas compañías a recurrir cada vez más a la deuda.

El fenómeno refleja la enorme cantidad de capital que exige la nueva generación de sistemas de IA. Centros de datos, servidores, chips especializados, redes, electricidad y talento tecnológico requieren inversiones de una magnitud sin precedentes.

Las cuatro grandes tecnológicas estadounidenses que más están impulsando esta expansión han estimado que necesitarán gastar conjuntamente alrededor de 650.000 millones de dólares en 2026 para desarrollar centros de datos y otra infraestructura relacionada con la IA.

La deuda se convierte en una herramienta clave

Durante buena parte de la historia de Silicon Valley, las grandes tecnológicas crecieron reinvirtiendo sus beneficios. Aunque también recurrían a los mercados de bonos, la deuda tenía un papel secundario frente al enorme flujo de efectivo que generaban sus negocios.

Eso comenzó a cambiar a finales de 2025. A medida que aumentaba la presión por ampliar rápidamente la capacidad informática necesaria para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial, las empresas comenzaron a emitir decenas de miles de millones de dólares en deuda.

Amazon protagonizó una de las operaciones más llamativas al emitir en marzo bonos por 14.500 millones de euros en Europa, la mayor operación corporativa jamás realizada en esa moneda. Posteriormente captó otros 37.000 millones de dólares en el mercado estadounidense.

Meta también se sumó a la tendencia. El 30 de abril de 2026 vendió 25.000 millones de dólares en bonos de grado de inversión, destinados a financiar su expansión en inteligencia artificial. La operación llegó apenas un día después de que la compañía aumentara su previsión de gasto de capital para 2026 hasta entre 125.000 y 145.000 millones de dólares. ([Reuters][1])

La magnitud de estas operaciones demuestra hasta qué punto la IA se ha convertido en una prioridad estratégica para las grandes compañías tecnológicas.

¿En qué se está gastando todo ese dinero?

Una parte importante del capital se dirige a construir y equipar centros de datos. Estas instalaciones necesitan enormes cantidades de servidores, chips y sistemas de refrigeración, además de conexiones de red capaces de mover cantidades gigantescas de información.

Los chips son especialmente importantes. Entrenar y ejecutar modelos avanzados de inteligencia artificial requiere aceleradores especializados cuyo coste puede alcanzar cifras enormes cuando se compran a gran escala.

A esto se suma un problema menos visible: la electricidad.

Los centros de datos de IA consumen cantidades extraordinarias de energía, hasta el punto de que algunas empresas están buscando desarrollar o adquirir nuevas fuentes de generación eléctrica para garantizar el suministro necesario. La expansión de la IA está convirtiendo, por tanto, la energía en un componente estratégico de la industria tecnológica.

Y todavía hay otro recurso escaso: los profesionales especializados. Las grandes empresas compiten agresivamente por investigadores e ingenieros capaces de desarrollar modelos avanzados, lo que eleva todavía más el coste de esta carrera.

Una nueva ingeniería financiera

El boom de la IA también está impulsando formas más complejas de financiar las inversiones.

Una de ellas consiste en utilizar vehículos de propósito especial, conocidos como SPV. Se trata de estructuras jurídicas creadas específicamente para adquirir activos o financiar determinados proyectos. En algunos casos, permiten mantener parte de la deuda fuera del balance de la compañía principal.

El objetivo es conseguir financiación sin aumentar en la misma medida el endeudamiento que aparece directamente en las cuentas de la empresa.

xAI, la compañía de inteligencia artificial de Elon Musk, ha explorado precisamente este tipo de estructuras para financiar la compra de chips y posteriormente alquilarlos a la propia empresa. Según el texto original, la compañía trabajaba en estructuras que podrían alcanzar hasta 20.000 millones de dólares.

El modelo recuerda que la carrera de la IA no consiste únicamente en desarrollar mejores modelos. También se está convirtiendo en una carrera de ingeniería financiera para conseguir suficiente capital sin deteriorar demasiado las métricas financieras de las empresas.

¿Por qué endeudarse si tienen tanto dinero?

A primera vista, puede parecer extraño que compañías con enormes reservas de efectivo necesiten pedir dinero prestado.

La realidad es que endeudarse puede resultar atractivo incluso para empresas extremadamente rentables. Los mercados financieros están dispuestos a prestar dinero a compañías como Amazon, Alphabet o Meta en condiciones relativamente favorables debido a su tamaño, sus ingresos y su elevada calidad crediticia.

Además, conservar efectivo ofrece flexibilidad. Las empresas pueden utilizar parte de sus beneficios para financiar inversiones mientras recurren simultáneamente a los mercados de deuda.

Las startups de IA tienen una situación diferente. Compañías privadas como OpenAI, Anthropic o xAI no disponen de negocios maduros capaces de generar el mismo flujo de efectivo que las grandes tecnológicas. Por ello, dependen en mayor medida de inversores que aporten capital a cambio de participaciones en las empresas.

Pero existe un límite: cada nueva ronda de financiación puede diluir la participación de los accionistas existentes.

Un nivel de financiación poco habitual

Lo que hace especialmente llamativa esta nueva ola de endeudamiento es su velocidad y su escala.

A finales de 2025, las grandes tecnológicas llegaron a captar cerca de 100.000 millones de dólares en pocas semanas para ampliar su capacidad de centros de datos y servicios en la nube.

La comparación con anteriores ciclos de inversión resulta inevitable. Durante la burbuja de las puntocom, las empresas de telecomunicaciones también pidieron grandes cantidades de dinero para construir redes de fibra óptica. Finalmente, parte de esa infraestructura resultó ser muy superior a la demanda existente.

La diferencia fundamental es que las protagonistas actuales son compañías mucho más rentables y diversificadas que muchas de las empresas de telecomunicaciones de finales de los años noventa.

Además, la mayor parte de las inversiones todavía se financia con dinero generado por las propias operaciones. Los analistas estiman que aproximadamente entre el 80% y el 90% del gasto de capital previsto por las grandes tecnológicas podría seguir financiándose mediante flujo de caja operativo.

El verdadero riesgo: que la IA no genere suficiente retorno

El problema aparece si las enormes inversiones actuales no producen los ingresos esperados.

Construir un centro de datos puede requerir años de planificación y miles de millones de dólares. Los chips y servidores, por otro lado, pueden quedar obsoletos con relativa rapidez a medida que aparecen generaciones más potentes.

Si la demanda de servicios de inteligencia artificial crece menos de lo previsto, las empresas podrían terminar con demasiada capacidad informática y activos que ya no resulten competitivos.

Ese escenario recuerda nuevamente a la expansión de las telecomunicaciones durante la burbuja puntocom, cuando muchas compañías construyeron redes pensando en una demanda que tardó años en materializarse.

La diferencia es que ahora el riesgo financiero se extiende también a los mercados de deuda. Cuanto más dinero pidan prestado estas compañías, mayor será la presión para demostrar que sus inversiones en IA pueden generar beneficios suficientes.

Los primeros indicios son mixtos. Algunas empresas están viendo crecer con fuerza sus negocios de nube y sus ingresos relacionados con IA, pero al mismo tiempo el enorme gasto de capital está reduciendo el efectivo disponible. En el trimestre más reciente analizado, el flujo de caja libre combinado de Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft cayó hasta unos 22.000 millones de dólares, aproximadamente la mitad del nivel registrado un año antes. ([Financial Times][2])

El impacto puede ir mucho más allá de Silicon Valley

El boom de deuda de la IA no afecta únicamente a las empresas tecnológicas.

Si las grandes compañías absorben una parte cada vez mayor de la demanda existente en los mercados de bonos, podrían competir directamente por el dinero que necesitan empresas de otros sectores. Esto puede elevar los costes de financiación para otros emisores y aumentar la exposición de bancos e inversores al sector tecnológico.

Morgan Stanley llegó a estimar que la emisión de bonos corporativos de grado de inversión en Estados Unidos podría superar los 2 billones de dólares en 2026, impulsada en parte por las inversiones relacionadas con la IA.

A más largo plazo, los analistas de JPMorgan estimaron que los mercados podrían necesitar absorber alrededor de 1,5 billones de dólares en bonos vinculados a centros de datos de IA durante los próximos cinco años.

La cuestión es si el crecimiento de la inteligencia artificial será suficientemente rentable para justificar semejante cantidad de capital.

¿Estamos ante una burbuja?

El aumento de la deuda no significa necesariamente que exista una burbuja. Las grandes tecnológicas cuentan con negocios consolidados, enormes ingresos y balances mucho más sólidos que los de las empresas que protagonizaron anteriores crisis tecnológicas.

Aunque la magnitud de las inversiones introduce riesgos.

Si los modelos de IA generan ingresos inferiores a los previstos, las compañías podrían encontrarse con centros de datos infrautilizados, equipos que pierden valor rápidamente y obligaciones financieras cada vez mayores.

El riesgo no es necesariamente que las grandes tecnológicas quiebren. Es que tengan que reducir inversiones, asumir más deuda o aceptar menores beneficios para mantener una infraestructura construida sobre expectativas de crecimiento muy elevadas.

Y cuanto más dinero se movilice alrededor de la inteligencia artificial, mayor será también el impacto si esas expectativas cambian.

La carrera apenas comienza

La inteligencia artificial está obligando a las grandes tecnológicas a pensar de una manera diferente. Ya no basta con contratar investigadores y desarrollar modelos. La batalla por la próxima generación de IA exige construir una infraestructura física gigantesca y mantenerla funcionando con enormes cantidades de energía y capacidad informática.

Para financiarla, empresas que durante décadas dependieron principalmente de sus propios beneficios están recurriendo cada vez más a los mercados de deuda.

Por ahora, estas compañías tienen capacidad suficiente para asumir buena parte de ese esfuerzo. Pero la apuesta es enorme: miles de millones de dólares están siendo invertidos hoy con la expectativa de que la inteligencia artificial genere ingresos y productividad suficientes mañana.

El éxito de esta estrategia determinará si el actual boom de financiación se convierte en la infraestructura de una nueva era tecnológica o en uno de los mayores excesos de inversión de la historia reciente.

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