Intel ha decidido mostrar sus dos caras en un mismo día. Si por la mañana desvelaba los secretos de sus económicos y eficientes Wildcat Lake, por la tarde ha levantado el velo de su antítesis tecnológica: los Xeon 7 de la familia Diamond Rapids, unos procesadores de servidor que llevan el concepto de “potencia bruta” a un nivel que roza lo irracional.
Hasta 256 núcleos, 22 chiplets, dos procesos de fabricación diferentes, 1,28 GB de caché L3 y una memoria que se mide en terabytes por segundo. Estas no son especificaciones de un procesador al uso; son las cifras de un proyecto que Intel ha diseñado para recuperar el trono de los centros de datos y plantar cara a AMD en el terreno donde más duele: el número de núcleos.
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256 núcleos de alto rendimiento, sin concesiones
La guerra de los núcleos ha sido durante años un campo de batalla donde Intel llegaba siempre con retraso. Mientras AMD escalaba hasta los 96 y 128 núcleos en sus EPYC, Intel se mantenía en cifras más modestas con sus Xeon. Diamond Rapids cambia esa dinámica de forma radical.
El procesador tope de gama dispondrá de 256 núcleos de alto rendimiento, sin mezcla con núcleos eficientes. Todos ellos son big cores, diseñados para exprimir cada ciclo de reloj en cargas de trabajo de servidor, bases de datos, inteligencia artificial y computación de alto rendimiento.
La distribución de estos núcleos se realiza en 16 chiplets de computación, cada uno albergando 16 núcleos. Pero la arquitectura es mucho más compleja que un simple reparto de núcleos en la superficie del silicio.
Dos procesos de fabricación en un mismo procesador
Uno de los aspectos más fascinantes de Diamond Rapids es que no se fabrica con un único proceso, sino con dos. Intel ha dividido la producción entre su tecnología 18A-P, la más avanzada disponible, y el proceso Intel 3-T.
Los chiplets de computación, que contienen los núcleos y la lógica de procesamiento, se fabrican en 18A-P, el nodo más moderno de Intel con las mejoras de rendimiento y eficiencia que la compañía ha desarrollado en los últimos años.
Los chiplets base, que actúan como columna vertebral del sistema, se producen en Intel 3-T, un proceso ligeramente menos avanzado pero más maduro y estable. Cada uno de estos cuatro chiplets base contiene 320 MB de caché L3, lo que suma un total de 1,28 GB de memoria caché a nivel de sistema.
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Foveros Direct 3D: el pegamento tecnológico
La conexión entre los chiplets de computación y los chiplets base se realiza mediante la tecnología Foveros Direct 3D, la evolución del empaquetado 3D de Intel que permite una interconexión ultrarrápida y de baja latencia entre los diferentes componentes.
Esta arquitectura de empaquetado avanzado es clave para que Diamond Rapids pueda funcionar como un único procesador coherente, a pesar de estar compuesto por múltiples chiplets físicamente separados. La comunicación entre las diferentes partes del chip es tan rápida que el sistema operativo y las aplicaciones perciben el conjunto como un único bloque de 256 núcleos.
Memoria y E/S: 1,6 TB/s de ancho de banda
La cantidad de núcleos es impresionante, pero sin memoria y ancho de banda suficiente, sería como un motor de Fórmula 1 con ruedas de bicicleta. Intel lo sabe y ha equipado a Diamond Rapids con un controlador de memoria de 16 canales que soporta DDR5-8000 y MRDIMM, alcanzando un ancho de banda de 1,6 TB/s.
La conectividad no se queda atrás: 128 líneas PCIe Gen6, CXL 3.0, UPI 3 y ocho líneas adicionales PCIe Gen4 para dispositivos de gestión y administración.
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La batalla por los centros de datos
Con Diamond Rapids, Intel envía un mensaje claro a sus competidores y a los clientes empresariales: la compañía no solo ha vuelto a la carrera de los núcleos, sino que ha tomado la delantera. Los 256 núcleos superan ampliamente los 192 que AMD ofrecerá con su próximo EPYC, aunque las pruebas de rendimiento reales decidirán quién gana la batalla final.
El uso de dos procesos de fabricación diferentes, la tecnología de empaquetado Foveros Direct 3D y la integración de una caché masiva de 1,28 GB sugieren que Intel no ha escatimado en recursos para diseñar estos procesadores.
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Un procesador para el futuro de la IA
Diamond Rapids no es solo un ejercicio de potencia bruta. Está diseñado para los centros de datos del futuro, donde las cargas de trabajo de inteligencia artificial exigen no solo núcleos, sino también memoria y ancho de banda para mover grandes volúmenes de datos.
La combinación de 256 núcleos, 1,6 TB/s de ancho de banda y tecnología de empaquetado avanzado convierte a estos procesadores en una plataforma ideal para el entrenamiento y la inferencia de modelos de IA, así como para simulaciones científicas y análisis de datos masivos.
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El regreso del gigante
Diamond Rapids representa el regreso de Intel a la vanguardia tecnológica. Después de años de retrasos y problemas en los procesos de fabricación, la compañía ha conseguido reunir todas las piezas necesarias para crear un procesador que no tiene rival en el mercado.
Los 22 chiplets, los dos procesos de fabricación, la tecnología Foveros Direct 3D y la memoria de 1,6 TB/s son la prueba de que Intel ha recuperado su capacidad para diseñar chips complejos y ambiciosos.
El futuro de los centros de datos se escribe con 256 núcleos, 1,28 GB de caché y una arquitectura que desafía los límites de la física y la ingeniería. Y ese futuro tiene nombre y apellidos: Diamond Rapids.
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