La noticia llega desde Taiwán y sacude el tablero de la fabricación de semiconductores. C.C. Wei, presidente y consejero delegado de TSMC, ha confirmado que la compañía está evaluando el proyecto Terafab, la ambiciosa gigafábrica de obleas impulsada por Elon Musk en Texas.
Además, ha dejado caer que el estado ya figura entre sus opciones de expansión en Estados Unidos. No es una confirmación oficial de acuerdo, pero es la primera vez que el máximo responsable de TSMC habla públicamente de la iniciativa de Musk.
La declaración, publicada por el medio taiwanés Tai Pao, marca un posible punto de inflexión para la industria. Musk quiere fabricar sus propios chips. Y quiere que TSMC le ayude a hacerlo.

La propuesta de Musk: una fábrica de chips para Tesla y SpaceX
El proyecto Terafab no es una idea nueva, pero sí es la primera vez que Musk lo presenta con suficiente concreción como para que TSMC se lo tome en serio.
El plan contempla que Tesla y SpaceX fabriquen y prueben aproximadamente 10 chips al año en las instalaciones de investigación de Giga Texas, el complejo industrial de Tesla en Austin. El objetivo declarado es acelerar el proceso de desarrollo de chips para vehículos autónomos, robótica avanzada y sistemas aeroespaciales.
Musk ha insistido en que la velocidad es crucial. En la carrera por la inteligencia artificial y la autonomía, quien controle la cadena de suministro de silicio controla el ritmo de innovación. Y Musk no quiere depender de terceros para los componentes más críticos de sus productos.
La respuesta de TSMC: evaluación en curso y condiciones claras
C.C. Wei ha sido cuidadoso en sus declaraciones. No ha confirmado un acuerdo, pero ha revelado varios detalles significativos. “Hemos enviado un equipo de Arizona a Texas para realizar una evaluación”, afirmó, lo que indica que TSMC está analizando el proyecto sobre el terreno. Además, ha mantenido “una comunicación inicial con el cliente”, en referencia a Musk.
Pero Wei también ha puesto una condición que no es menor. “Si ambas empresas inician una cooperación, la fábrica deberá ser operada por TSMC”. Es una línea roja clara: TSMC no está dispuesta a ceder el control operativo de una instalación de fabricación de semiconductores. Su modelo de negocio, construido sobre décadas de experiencia y una disciplina de fabricación impecable, no admite injerencias externas en la gestión.
Wei añadió que “los detalles y principios pertinentes aún están en discusión”. La puerta está abierta, pero no se ha cruzado.
¿Por qué Texas importa para la expansión de TSMC?
La mención de Texas no es casual. TSMC ya está construyendo un complejo en Arizona, pero la compañía ha estado buscando opciones adicionales para expandir su capacidad en Estados Unidos. Texas se ha convertido en un polo tecnológico en auge, con Tesla, Samsung, Texas Instruments y decenas de proveedores del sector de los semiconductores operando en el estado.
La lógica industrial es sólida. Texas ofrece mano de obra cualificada, impuestos bajos y una infraestructura energética estable. Arizona, en cambio, ha enfrentado desafíos relacionados con el agua, la electricidad y la disponibilidad de trabajadores que han complicado el despliegue de las fábricas de TSMC.
Si Terafab se concreta y TSMC acepta operar la instalación, Texas podría convertirse en el segundo gran núcleo de fabricación de semiconductores de TSMC en Estados Unidos, ampliando su presencia en el mercado norteamericano y reforzando su relación con clientes estratégicos como Tesla y SpaceX.
La fiebre de las fábricas de chips en Estados Unidos
El anuncio se produce en un momento de intensa actividad inversora en la fabricación de semiconductores en Estados Unidos. La administración Trump ha impulsado aranceles y políticas proteccionistas para forzar a las empresas tecnológicas a producir en suelo estadounidense.
TSMC ya ha comprometido 265.000 millones de dólares en Arizona. Samsung está invirtiendo 37.000 millones en Texas. Y las grandes tecnológicas presionan para que la cadena de suministro se diversifique.
En este contexto, el proyecto Terafab encaja en una narrativa más amplia: la industria de los chips se está reindustrializando en Occidente, y los grandes actores quieren asegurarse de controlar las piezas clave de esa nueva infraestructura.
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