TSMC ya planea 6 fábricas más en Estados Unidos: se conocen nuevos datos del futuro de los procesadores

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La industria de los semiconductores está a punto de presenciar una de las mayores inversiones industriales de la década. Según fuentes de la cadena de suministro citadas por medios especializados, TSMC estudia construir un segundo parque de fabricación en Estados Unidos, con seis fábricas de obleas avanzadas adicionales.

El lugar con más papeletas es Dallas, Texas. Y la cifra que se maneja supera los 265.000 millones de dólares que la compañía ya ha comprometido en Arizona.

Nada está confirmado. El consejo de administración no ha tomado una decisión. Pero el movimiento tiene una lógica que resulta difícil de ignorar.

Existen 3 fuerzas que empujan a TSMC hacia suelo estadounidense, y ninguna de ellas parece dispuesta a aflojar.

La primera fuerza: los clientes

El 75,64% de los ingresos de TSMC en la primera mitad de 2026 provino de clientes estadounidenses. Nvidia, Apple, AMD, Intel. Son las empresas que definen la vanguardia de la computación y todas ellas quieren que sus chips se fabriquen más cerca de casa.

La cifra por sí sola explica mucho. Si tres cuartas partes de tus ingresos dependen de clientes que están al otro lado del Pacífico, tienes un problema estructural. No es solo una cuestión logística. Es una cuestión de poder de negociación. Y ese poder se está inclinando hacia los compradores.

La segunda fuerza: los aranceles

La administración Trump ha amenazado con imponer aranceles de hasta el 200% a los chips fabricados fuera de Estados Unidos. No es una advertencia lejana. Es una variable que ya está en los modelos de costes de todas las empresas del sector.

Para TSMC, producir en territorio estadounidense elimina ese riesgo de un plumazo. Y en un contexto político donde la retórica proteccionista se ha convertido en política industrial, la decisión deja de ser estratégica y se convierte en obligatoria.

La tercera fuerza: la demanda

La inteligencia artificial ha disparado la necesidad de cómputo. TSMC facturó 35.900 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, un 40,6% más que el año anterior.

Los chips para centros de datos y computación de alto rendimiento representaron el 61% de los ingresos por obleas. Y los procesos avanzados de 7 nanómetros o menos, sumaron el 74%.

El consejero delegado, C.C. Wei, lo ha dicho sin rodeos: la IA es una demanda estructural que durará una década. La oferta de chips avanzados no alcanzará a cubrir la demanda en los próximos años. Y eso significa que cada nueva fábrica que se construya tendrá compradores esperando.

Lo que ya existe

TSMC no parte de cero. Su proyecto en Arizona comenzó con una inversión de 65.000 millones para dos fábricas. En marzo de 2025, la compañía anunció otros 100.000 millones para tres fábricas más, dos plantas de empaquetado avanzado y un centro de investigación. La cifra total ya alcanza los 265.000 millones.

Si el segundo parque en Texas sale adelante, el mapa cambia: ya NO sería una fábrica aislada. Sería una red. Arizona y Texas conectados, con fabricación, empaquetado e investigación distribuidos a lo largo de un corredor que algunos ya llaman el doble núcleo del sur.

Dallas tiene sentido. La zona, conocida como el Silicon Prairie, alberga ya a Texas Instruments, Samsung, Tesla y decenas de proveedores. Samsung planea invertir 37.000 millones en dos fábricas en el estado. La mano de obra es abundante, los impuestos bajos y la electricidad estable. Arizona, en cambio, enfrenta problemas de agua, energía y trabajadores.

Las dificultades

Pero el camino no es sencillo. Estados Unidos sigue siendo más caro que Taiwán para fabricar chips. TSMC ya ha anunciado que subirá los precios de sus procesos avanzados y maduros hasta un 10% en 2027 para compensar los costes de las plantas en el extranjero. Y esa subida se trasladará a toda la industria.

También está el desafío del talento. Una fábrica avanzada necesita miles de ingenieros y TSMC, ya tuvo problemas en Arizona con los visados de sus ingenieros taiwaneses y la resistencia de los sindicatos locales. Cualquier nuevo parque tendrá que negociar ese equilibrio.

Y hay un límite que la propia compañía reconoce. Taiwán seguirá siendo el centro de investigación y el motor principal de producción. La tecnología más avanzada, como el proceso de 2 nanómetros, se queda en casa. Las fábricas en el extranjero son satélites que acercan la producción a los clientes, pero no reemplazan el núcleo.

El doble carril

El mundo de TSMC se organiza ya en dos carriles. Por un lado, Taiwán: investigación, desarrollo, producción principal. Por otro, las fábricas en el extranjero: Arizona, Japón, Alemania y, si se confirma, Texas. Todas ellas son extensiones que acercan la compañía a sus clientes y reducen riesgos geopolíticos.

El segundo parque en Dallas no es una mudanza. Es una ampliación de la red. Pero es una ampliación que dice mucho sobre hacia dónde va la industria.

Cuando tres cuartas partes de tus ingresos vienen de un solo país, y ese país te amenaza con aranceles si no produces allí, la decisión deja de ser una opción. Se convierte en una consecuencia.

La única certeza, por ahora, es que nada está decidido. Pero la dirección parece clara. Y el ritmo de la mudanza, como señalan los analistas, está siendo más rápido de lo que nadie esperaba.

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