¿Por qué crean tanto ruido los centros de datos? La contaminación acústica de la inteligencia artificial que muy pocos conocen

¿Por qué crean tanto ruido los centros de datos? La contaminación acústica de la inteligencia artificial que muy pocos conocen

Cuando se habla del impacto ambiental de los centros de datos, el debate suele centrarse en el consumo eléctrico, las emisiones de carbono o el uso intensivo de agua. Sin embargo, existe otro problema que durante años ha permanecido prácticamente invisible para la opinión pública y que, poco a poco, comienza a ocupar titulares en Estados Unidos y otros países donde estas infraestructuras proliferan rápidamente: la contaminación acústica.

Para miles de personas que viven cerca de grandes campus tecnológicos, el problema no es únicamente el enorme edificio que aparece en mitad del paisaje. Lo que realmente altera su vida cotidiana es un zumbido constante, presente las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana.

A diferencia del ruido producido por una carretera o un aeropuerto, que suele variar a lo largo del día, el sonido de un centro de datos es prácticamente continuo. Nunca desaparece. Nunca “descansa”.

Es, un murmullo grave y persistente que acompaña a los vecinos tanto de día como de noche y que, según numerosos testimonios, termina afectando al descanso, la concentración e incluso a la salud mental de quienes conviven con estas instalaciones.

En Estados Unidos, especialmente en estados como Virginia, Georgia, Texas o Arizona, las quejas vecinales relacionadas con el ruido han aumentado de forma notable a medida que se multiplican los proyectos vinculados a la inteligencia artificial.

Lo que para las grandes compañías representa una infraestructura tecnológica esencial y altamente beneficiosa a nivel económica, para muchos vecinos se ha convertido en una fuente permanente de contaminación acústica que le prohíbe vivir.

🚨 MÁS: Erin Brockovich lidera la protesta contra los Centros de Datos en Estados Unidos

Antes de seguir, me gustaría que viesen los efectos de la contaminación acústica generada por los grandes centros de datos, similares al que se plantean abrir en Talavera de la Reina. Y en otros muchos puntos de España, a lo largo de los próximos años.

Vídeos que muestran los ruidos generado por diferentes centros de datos de USA

Este es el ruido provocado por un centro de datos de Virginia..

Este es el ruido que actualmente proviene del centro de datos de 30 MW en Dowagiac, Michigan, ahora imagina cómo sonará a 340 MW. La investigación indica que el ruido de una instalación de 340 MW podría ser escuchado por residentes dentro de un radio de 2,5 millas y ciertos sonidos de baja frecuencia de los centros de datos pueden viajar hasta cinco millas.

El mismo centro de datos de Michigan a una potencia aún mayor..

Mujer de Michigan graba centro de datos 24/7 en Dowagiac que afecta a unas 1.300 viviendas. El ruido constante causa dolores de cabeza y noches sin dormir. Se ha presentado una demanda colectiva..

Los vecinos han colocado colchones y plexiglás en sus ventanas para bloquear el ruido de este centro de datos en Virginia. Por el elevadísimo zumbido agudo de las turbinas de gas natural que lo alimentan. El ruido nunca para las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

Ruido de un data center en New Jersey.

Un ataque directo a una reserva zoológica de animales. Es bien conocido por todos que los animales son altamente sensibles a los ruidos y a la contaminación acústica. Pues bien, en el condado de Nashville han dado permiso a la implantación de un gigante centro de datos justo colindante con una reserva zoológica que lleva allí muchos años (mi intención es analizar este caso en profundidad, más adelante).

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Los centros de datos nunca duermen

A diferencia de una fábrica convencional, un centro de datos no puede detener su actividad. Los servidores deben permanecer operativos las veinticuatro horas del día, durante todo el año.

Cualquier interrupción puede provocar pérdidas económicas millonarias, afectar a miles de empresas o dejar sin servicio plataformas utilizadas por millones de personas en todo el mundo.

Esta necesidad de funcionamiento continuo implica que todos los sistemas auxiliares encargados de mantener la infraestructura también permanezcan activos de forma ininterrumpida.

Por tanto, NO basta con alimentar eléctricamente los servidores, también es necesario eliminar de forma constante el calor que generan.

Y es es, el origen del problema de los ruidos generados, el momento en el que la metodología de enfriamiento se pone en marcha.

El enemigo invisible del calor

Un servidor moderno equipado con aceleradores para inteligencia artificial puede disipar varios miles de vatios de potencia térmica. Si ese calor no se extrae rápidamente, la temperatura aumenta en cuestión de segundos.

Las consecuencias pueden ser graves:

  • reducción automática del rendimiento (thermal throttling);
  • degradación prematura de componentes electrónicos;
  • fallos de hardware;
  • interrupciones del servicio;
  • averías de elevado coste.

Por este motivo, un centro de datos incorpora numerosos sistemas mecánicos que trabajan de forma permanente para transportar el calor desde el interior de los servidores hasta el exterior del edificio y cada uno de esos sistemas genera ruido.

Y cuando cientos o miles de ellos funcionan simultáneamente, el resultado puede ser sorprendentemente intenso.


Los gigantes enfriadores

Uno de los principales responsables del ruido son los enfriadores (en inglés chillers), que son unos enormes equipos industriales encargados de producir agua fría para refrigerar los servidores.

Su funcionamiento recuerda, a gran escala, al de un aparato de aire acondicionado doméstico, aunque multiplicando su capacidad por cientos de miles de veces.

Un enfriador incorpora:

  • compresores industriales
  • ventiladores de gran diámetro
  • condensadores
  • intercambiadores térmicos
  • bombas hidráulicas

Los compresores producen vibraciones continuas mientras los ventiladores expulsan enormes volúmenes de aire al exterior.

Cuando un centro de datos dispone de varios enfriadores funcionando simultáneamente, el nivel sonoro puede mantenerse constante durante las veinticuatro horas.

En los campus de mayor tamaño es habitual encontrar decenas de enfriadores distribuidos alrededor del edificio, formando un auténticos anillo de refrigeración.


Las bombas hidráulicas son generadoras constantes de ruido

Aunque suelen pasar desapercibidas, las bombas son otro elemento fundamental. Su misión consiste en mover miles de litros de agua o líquido refrigerante cada minuto a través de kilómetros de tuberías.

Al funcionar continuamente, generan:

  • vibraciones mecánicas
  • resonancias en tuberías
  • zumbidos de baja frecuencia

Este tipo de ruido resulta especialmente difícil de eliminar porque puede transmitirse a través de la propia estructura del edificio.

En determinadas condiciones meteorológicas, las bajas frecuencias recorren largas distancias con muy poca atenuación.

Por eso ,algunos vecinos afirman escuchar un “ronroneo” permanente incluso a varios cientos de metros del centro de datos.


Los ventiladores industriales que expulsan miles de metros cúbicos de aire cada minuto

El siguiente gran responsable son los ventiladores. Su función consiste en expulsar el calor acumulado dentro de los intercambiadores térmicos.

Los centros de datos modernos pueden incorporar:

  • ventiladores axiales gigantes
  • ventiladores centrífugos
  • sistemas de extracción redundantes
  • unidades HVAC industriales

Cada uno de ellos mueve cantidades colosales de aire. Aunque, individualmente puedan parecer relativamente silenciosos, cuando funcionan cientos de ellos al mismo tiempo generan un ruido continuo muy característico.

Muchos residentes describen ese sonido como, el ruido del zumbido de un avión lejano que nunca termina de pasar.


Las torres de refrigeración son auténticas fábricas de ruido

Cuando el sistema utiliza refrigeración evaporada aparecen otros protagonistas extra: las torres de refrigeración.

Además de los grandes ventiladores, estas estructuras incorporan agua cayendo continuamente sobre rellenos especiales para favorecer la evaporación.

El resultado es una combinación de sonidos:

  • caída constante de agua
  • ventiladores de gran potencia
  • turbulencias de aire
  • vibraciones estructurales

Aunque desde el punto de vista técnico constituyen una solución extremadamente eficiente para disipar el calor, también representan una de las principales fuentes de contaminación acústica en muchas de las instalaciones.


Los generadores diésel producen el ruido más extremo

Si existe un elemento capaz de alterar por completo la tranquilidad de una zona residencial, son los generadores de emergencia.

Prácticamente todos los grandes centros de datos disponen de enormes motores diésel preparados para entrar en funcionamiento en cuestión de segundos si se produce un corte eléctrico.

Algunos campus cuentan con 20, 40, 60 e incluso más de 100 generadores.

Aunque permanecen apagados la mayor parte del tiempo, estos generadores deben ponerse en marcha periódicamente para realizar pruebas de funcionamiento exigidas por la normativa.

Durante esos ensayos, el ruido puede superar ampliamente los 100 decibelios a corta distancia, por encima del ruido comparable que produce la maquinaria pesada de la construcción.

Además del sonido del propio motor, se suma el de:

  • sistemas de escape
  • ventiladores de refrigeración
  • vibraciones mecánicas
  • alternadores eléctricos

En zonas con una elevada concentración de centros de datos, las pruebas de distintos operadores pueden coincidir durante un mismo día, multiplicando así el impacto acústico sobre los vecinos.


El problema de las bajas frecuencias

Uno de los aspectos más complejos es que el ruido de un centro de datos NO siempre es especialmente intenso, pero sí contiene una importante proporción y acumulación de diferente sonidos en bajas frecuencias.

Este tipo de sonido presenta varias características:

  • atraviesa con mayor facilidad ventanas y paredes
  • recorre largas distancias
  • resulta difícil de amortiguar
  • puede percibirse como una vibración constante

Diversos estudios sobre la contaminación acústica indican que las bajas frecuencias generan una mayor sensación de molestia que otros sonidos de igual intensidad, especialmente cuando se mantienen durante largos periodos.

Por este motivo, muchos residentes aseguran que el problema no es tanto el volumen como la imposibilidad de “escapar” del zumbido permanente.


¿Cómo se mide el ruido del centro de datos?

La herramienta más común para evaluar el impacto acústico es el sonómetro, un dispositivo diseñado para medir la presión sonora expresada en decibelios (dB).

Sin embargo, medir el ruido de un centro de datos no siempre resulta sencillo.

Los técnicos suelen analizar diferentes parámetros:

  • nivel sonoro medio
  • nivel máximo
  • niveles nocturnos
  • componentes tonales
  • bajas frecuencias
  • vibraciones

En numerosos conflictos vecinales, los residentes han contratado mediciones independientes para comparar los resultados con los informes presentados por las empresas promotoras.

En algunos casos, las discrepancias han dado lugar a investigaciones administrativas e incluso procedimientos judiciales.


Cuando el ruido deja de ser una molestia y se convierte en un problema social

En los últimos años han surgido numerosos colectivos ciudadanos que denuncian los efectos del crecimiento de los centros de datos sobre la calidad de vida de las comunidades cercanas.

Uno de los casos más conocidos se encuentra en Loudoun County (Virginia), considerada la capital mundial de los centros de datos.

Allí, varias asociaciones vecinales llevan años reclamando límites más estrictos al ruido generado por estas instalaciones y una mejor planificación urbanística para evitar que nuevos complejos se construyan a escasa distancia de zonas residenciales.

Situaciones similares se han documentado en Prince William County (también en Virginia) donde diversos proyectos han encontrado una fuerte oposición ciudadana por el impacto combinado del ruido, el tráfico, la transformación del paisaje y el incremento de la demanda de recursos públicos.

En otros estados, como Georgia, Texas y Arizona, las críticas se centran en el hecho de que muchos de estos centros funcionan de manera continua junto a urbanizaciones de reciente creación, donde los residentes aseguran no haber sido plenamente conscientes del impacto acústico que tendrían esas infraestructuras antes de adquirir sus viviendas.

Los testimonios recogidos por medios como PBS, Business Insider o diversas televisiones locales describen una realidad común: vecinos que afirman dormir con tapones para los oídos, evitar abrir las ventanas durante la noche o escuchar un zumbido constante incluso desde el interior de sus casas.

Aunque estas experiencias no pueden generalizarse a todos los centros de datos, reflejan un problema que ha adquirido suficiente relevancia como para convertirse en objeto de investigaciones periodísticas, estudios acústicos y debates públicos sobre la planificación de futuras instalaciones.


Una cuestión de diseño y no de tecnología

La contaminación acústica no es una consecuencia inevitable de los centros de datos. Gran parte de su impacto depende de decisiones de ingeniería y planificación: la elección de los equipos, el diseño de las barreras acústicas, la orientación de los ventiladores, la distancia respecto a las viviendas y la implantación de tecnologías más silenciosas pueden reducir de forma significativa el ruido percibido por el entorno.

A medida que la inteligencia artificial impulsa la construcción de centros de datos cada vez más grandes y potentes, el desafío no consiste únicamente en hacerlos más eficientes desde el punto de vista energético.

También, se convierte en una necesidad el poder ser capaces de integrarlos mejor en el territorio para evitar que el crecimiento de la infraestructura digital se traduzca en una pérdida de calidad de vida para las comunidades que conviven con ella.

En el próximo capítulo analizaremos otro de los grandes desafíos de esta revolución tecnológica: el extraordinario consumo eléctrico de los centros de datos y su creciente impacto sobre las redes eléctricas nacionales.

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