La Planta Nuclear Más Grande del Mundo Reinicia Operaciones 15 Años Después de Fukushima

Japón ha atravesado una línea divisoria histórica. El 22 de diciembre de 2025, la asamblea prefectural de Niigata aprobó el reinicio de la planta nuclear Kashiwazaki-Kariwa, la instalación nuclear más grande del planeta, tras permanecer dormida durante 13 años consecutivos.

Esta decisión marca un giro fundamental en la política energética del país, casi una década y media después del desastre de Fukushima que sacudió al mundo en 2011 y redefinió la ansiedad energética de una nación entera.

La planta Kashiwazaki-Kariwa, ubicada a 220 kilómetros al noroeste de Tokio en la prefectura de Niigata, operará bajo la supervisión de Tokyo Electric Power Company TEPCO (la misma empresa que operaba Fukushima Daiichi) cuando se convirtió en el peor desastre nuclear desde Chernóbil.

Esta circunstancia añade una capa de complejidad política y emocional a un debate ya polarizado en Japón.

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El Contexto: De la Parálisis Nuclear a la Reactivación Energética

Tras el terremoto de magnitud 9.0 y el tsunami de 2011, Japón hizo un giro drástico: detuvo los 54 reactores nucleares operacionales en el país. Durante más de una década, esta decisión catastrofista dejó a la nación dependiente de combustibles fósiles importados costosos.

Las cifras son contundentes. En 2024, Japón gastó 10.7 billones de yenes (aproximadamente $68 mil millones USD) en gas natural licuado (GNL) e importaciones de carbón.

Estos combustibles ahora generan entre el 60% y el 70% de la electricidad total del país; un cambio radical respecto a 2011, cuando la energía nuclear representaba casi el 30% de la generación eléctrica.

A pesar de una población en declive, Japón enfrenta demanda energética creciente. Los centros de datos de inteligencia artificial de alto consumo energético son los principales impulsores de esta paradoja.

Indicador EnergéticoValor Actual
Energía nuclear en generación<10% (2025)
Combustibles fósiles importados60-70%
Objetivo nuclear para 204020%
Costo anual importaciones (2024)$68 mil millones USD
Reactores operativos post-Fukushima14 de 33

Kashiwazaki-Kariwa: Especificaciones y Capacidad

La planta Kashiwazaki-Kariwa es un coloso energético que alberga siete reactores con una capacidad combinada de 8,212 MW, aunque solo dos unidades (el Reactor No. 6 y el Reactor No. 7) han superado las inspecciones de seguridad posteriores a Fukushima. Cada uno posee una capacidad de 1,356 MW.

Según reportes de la cadena pública NHK de Japón, TEPCO planea reiniciar el Reactor No. 6 el 20 de enero de 2026, con operaciones comerciales completas proyectadas para finales de marzo. Un único reactor aumentará el suministro eléctrico a la región de Tokio aproximadamente en un 2%, según estimaciones del Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón.

El Reactor No. 7 permanecerá inactivo hasta agosto de 2029 debido a requerimientos de instalación de medidas anti-terrorismo aún pendientes.


La Política Energética Japonesa en Transformación

El cambio de postura es impulsado por la Primera Ministra Sanae Takaichi, quien asumió el cargo hace apenas dos meses. Su administración ve en la reactivación nuclear una solución triple: fortalecer la seguridad energética, reducir importaciones costosas de combustibles y avanzar hacia objetivos de descarbonización.

En febrero de 2025, el gobierno japonés aprobó un nuevo plan energético fundamental que eliminó una frase clave que había estado en documentos oficiales desde 2014: “minimizar la dependencia de la energía nuclear.” Ahora, la política establece “hacer máximo uso de las plantas nucleares existentes.”

El objetivo es ambicioso: elevar la participación de la energía nuclear del actual menos del 10% a aproximadamente el 20-22% para 2030 y al 20% para 2040. Esto requiere no solo reiniciar plantas existentes, sino también autorizar nuevas construcciones, un cambio sin precedentes desde Fukushima.

En julio de 2025, Kansai Electric Power, el operador nuclear más grande de Japón anunció planes para realizar estudios de una nueva unidad reactora en el oeste de Japón, marcando la primera construcción planificada desde el desastre de 2011.


La División Comunitaria: Promesas Económicas vs. Ansiedad de Seguridad

Fuera del edificio de la asamblea el 22 de diciembre, aproximadamente 300 manifestantes brindaron testimonio vivo de la profunda división que divide a Japón. A pesar del gélido clima invernal, portaban pancartas que proclamaban “Sin Energía Nuclear” y “Nos Oponemos al Reinicio de Kashiwazaki-Kariwa.”

TEPCO intentó aplacar las preocupaciones con un paquete de incentivos: un compromiso de 100 mil millones de yenes (aproximadamente $641 millones USD) para la prefectura en la próxima década. Pero el dinero no compra confianza. Una encuesta realizada por la prefectura de Niigata en octubre de 2025 reveló hallazgos desalentadores:

  • 60% de los residentes no cree que se hayan cumplido los requisitos de seguridad necesarios.
  • Casi el 70% expresó preocupación específica sobre TEPCO operando la planta.

Incluso el Gobernador Hideyo Hanazumi, quien aprobó el reinicio, envió un mensaje ambivalente. “Quiero ver una era donde no tengamos que depender de fuentes de energía que causen ansiedad,” expresó el mes pasado—una declaración que prácticamente reconoce las ansiedades existentes incluso mientras autoriza el reinicio.


El Testimonio de Fukushima: Cicatrices Perdurables

El rostro más humano de esta debate es Ayako Oga, de 52 años, quien huyó del área de Fukushima en 2011 junto a 160,000 evacuados. Su hogar caía dentro de la zona de exclusión de 20 kilómetros, clasificada como demasiado contaminada para vivir.

Oga, ahora agricultora y activista anti-nuclear en Niigata, continúa experimentando síntomas de estrés postraumático derivados del desastre de 2011. “Conocemos de primera mano el riesgo de un accidente nuclear y no podemos descartarlo,” explicó mientras se unía a los manifestantes el lunes, coreando “¡Nunca olviden las lecciones de Fukushima!”

Su testimonio personifica la brecha entre las ecuaciones económicas de los formuladores de políticas y las cicatrices emocionales reales de aquellos que vivieron el peor desastre nuclear de la era moderna. Para Oga y miles como ella, el reinicio no representa progreso, sino un riesgo existencial que no puede ser eliminado por ninguna cantidad de nuevas esclusas, generadores móviles o puertas herméticas.


Medidas de Seguridad Post Fukushima: ¿Suficientes?

TEPCO argumenta que ha aprendido las lecciones de Fukushima. La empresa cita una batería de mejoras de seguridad implementadas en Kashiwazaki-Kariwa:

  • Nuevos diques y puertas herméticas para mayor protección contra tsunamis
  • Generadores móviles y camiones de bomberos adicionales para soporte de enfriamiento en emergencias
  • Sistemas de filtración clasificados diseñados para contener la propagación de materiales radiactivos
  • Inspecciones exhaustivas completadas en octubre de 2024 que declararon el Reactor No. 6 listo para inicio

Técnicamente, ambas unidades (Reactores 6 y 7) superaron las inspecciones de seguridad más estrictas de Japón en 2017, pero fueron temporalmente prohibidas por medidas anti-terrorismo inadecuadas, un requisito que ahora se está abordando.

Sin embargo, estas mejoras no han eliminado la aprehensión pública. Una brecha considerable persiste entre la aprobación regulatoria técnica y la aceptación comunitaria real.


Implicaciones Globales: Un Modelo para la Revitalización Nuclear

Joshua Ngu, vicepresidente de Wood Mackenzie para Asia Pacífico, caracterizó la aceptación pública del reinicio de Kashiwazaki-Kariwa como “un hito crítico” hacia la consecución de objetivos más amplios de descarbonización. En efecto, el reinicio tiene implicaciones que se extienden mucho más allá de Niigata.

Japón se posiciona como modelo potencial para otras naciones desarrolladas que enfrentan dilemas energéticos similares. En un momento en que el cambio climático y la seguridad energética dominan los debates de política pública globales, la disposición de Japón a reiniciar la energía nuclear—incluso bajo resistencia significativa—señala una reevaluación pragmática de las opciones realistas para descarbonización a escala.

La cuestión más amplia es si otras democracias pueden navegar con éxito el mismo equilibrio entre ansiedad pública legítima y necesidades energéticas materiales que Japón está intentando lograr con Kashiwazaki-Kariwa.


Conclusión

El reinicio de Kashiwazaki-Kariwa el 20 de enero de 2026 no representa una conclusión, sino un capítulo nuevo (y profundamente controvertido) en la historia energética de Japón. Es simultáneamente un triunfo de pragmatismo económico y un testimonio de la amnesia institucional que preocupa a los sobrevivientes y activistas como Ayako Oga.

Para TEPCO, el Gobernador Hanazumi y la Primera Ministra Takaichi, representa la necesaria reactivación de capacidad energética desaprovechada frente a importaciones costosas y demanda creciente impulsada por AI. Para 300 manifestantes en Niigata y 160,000 evacuados de Fukushima, representa un riesgo que nunca debería haberse aceptado.

La verdad incómoda es que ambas perspectivas contienen legitimidad. Japón enfrenta restricciones energéticas reales que amenazan su competitividad económica y su capacidad para cumplir con compromisos climáticos. Pero también enfrenta cicatrices colectivas reales que ninguna cantidad de nueva infraestructura de seguridad puede desaparecer completamente.

El próximo capítulo dependerá de si las mejoras de seguridad en Kashiwazaki-Kariwa pueden restaurar la confianza pública, si el reinicio de una unidad lleva a una reactivación más amplia de parques nucleares y si Japón, puede finalmente reconciliar su necesidad de energía nuclear con la memoria viva de por qué rechazó toda la energía nuclear hace apenas 15 años.