Rusia atraviesa una grave crisis de combustible.
Las ofensivas ucranianas contra la infraestructura petrolera rusa han comenzado a surtir efecto: amplias regiones del país y los territorios ocupados enfrentan cierres de estaciones de servicio, largas filas y racionamiento de gasolina.
Ucrania ataca el corazón energético de Rusia
Desde principios de 2024, Ucrania ha desarrollado un arsenal de armas de largo alcance, incluyendo drones con más de 1.000 kilómetros de autonomía y misiles como el Neptune y el Flamingo, diseñados para golpear objetivos estratégicos dentro de Rusia.
Uno de los blancos principales han sido las refinerías de petróleo, esenciales para la economía rusa y su maquinaria militar. Los ataques continuos han reducido notablemente la capacidad de producción y distribución de combustible.
Crisis visible en Crimea y el sur de Rusia
El jefe de la administración ocupante en Crimea pidió a los residentes que eviten acumular combustible, pero los largos tiempos de espera en las estaciones se han vuelto inevitables.
En muchas localidades, las gasolineras han cerrado por completo o funcionan con cupos restringidos. Por ejemplo, en Crimea, el límite es de 30 litros por persona.
En la autopista Moscú-Kazán, testigos reportaron colas de hasta 130 vehículos esperando repostar.
En el sur de Rusia, la situación es aún más crítica: algunos residentes denuncian que no pueden adquirir suficiente combustible para llegar a hospitales o realizar actividades esenciales.
Refinerías bajo fuego
El 1 de octubre se registró un incendio masivo en la refinería de Yaroslavl, la quinta más grande de Rusia. La unidad VT-6, con capacidad de 124.000 barriles diarios, explotó y ardió durante horas.
Algunos informes lo atribuyen a un ataque con drones ucranianos, mientras que otros hablan de un accidente técnico. En cualquier caso, la producción de combustible en el noreste de Moscú se ha visto gravemente afectada.
Asimismo, la estación de bombeo Sukhodolnaya, en la región de Rostov, detuvo sus operaciones tras sufrir al menos diez ataques con drones. Esta instalación era clave para el transporte de petróleo hacia el sur del país.
Los expertos advierten que la recuperación será lenta y costosa, ya que los daños por fuego requieren componentes difíciles de reemplazar que pueden tardar semanas o meses en llegar.
Consecuencias estratégicas
Los ataques sistemáticos de Ucrania buscan presionar al Kremlin hacia una negociación, afectando directamente la logística militar y el suministro energético interno.
Sin embargo, Moscú mantiene su negativa al diálogo, mientras la población civil sufre las consecuencias más inmediatas.
Analistas coinciden en que esta guerra energética podría debilitar aún más la economía rusa, elevar los precios internos y obligar al país a importar combustibles o imponer medidas de racionamiento más severas.