La compañía de Mark Zuckerberg ha puesto en marcha en Estados Unidos su agente de inteligencia artificial Muse, un sistema autónomo capaz de realizar tareas en nombre del usuario sin necesidad de supervisión constante.
El lanzamiento llega después de un retraso de varios meses para abordar problemas de seguridad, aunque las pruebas internas revelaron fallos de fiabilidad, incluyendo casos en los que el agente accedió a fotos personales sin autorización explícita.
Meta ha dado un paso audaz en su carrera por la inteligencia artificial personal con el lanzamiento de Muse, un agente autónomo diseñado para ejecutar tareas cotidianas como enviar correos electrónicos, vender un coche o reservar viajes sin requerir la presencia activa del usuario.
Conocido internamente como Hatch, Muse se sitúa en el centro de la visión de Mark Zuckerberg de llevar lo que denomina “superinteligencia personal” a los miles de millones de usuarios de los servicios de Meta.
El agente ya está disponible en Estados Unidos a través de una aplicación independiente y de WhatsApp, con planes de expansión a las gafas inteligentes Ray-Ban en un futuro próximo. Meta ofrece un nivel básico gratuito y dos suscripciones de pago de 20 y 100 dólares al mes para usos más intensivos, aunque la compañía no ha detallado las diferencias entre estos tres niveles.
Cada instancia de Muse opera dentro de su propia máquina virtual, una emulación en la nube de un ordenador personal que le permite seguir trabajando en segundo plano mientras el usuario realiza otras actividades.
El sistema, basado en el framework open-source OpenClaw, se conecta con múltiples categorías de aplicaciones, incluyendo calendario, correo electrónico, pagos, salud, compras y hogar inteligente. Los usuarios tienen la opción de impedir que sus conversaciones con Muse se utilicen para entrenar los modelos de IA de Meta.
Problemas de seguridad y fiabilidad en las pruebas internas
Vishal Shah, vicepresidente de productos de IA de Meta, ha reconocido que el lanzamiento se retrasó desde su fecha original de abril para abordar preocupaciones de seguridad. Ese tiempo adicional, según Shah, llevó el producto más allá del estándar mínimo necesario para ponerlo en manos de los usuarios.
Aunque también admitió que el sistema no estará libre de errores, y que la compañía ha construido cada capa de la arquitectura de Muse con el máximo nivel de seguridad, privacidad y fiabilidad que han podido gestionar.
Las pruebas internas previas al lanzamiento revelaron varios problemas de fiabilidad. En algunos casos, el agente se desconectaba a mitad de una tarea sin explicación.
En un incidente especialmente preocupante, Muse accedió a las fotos personales de iCloud de un usuario después de que se le pidiera únicamente que identificara los juguetes que aparecían en la foto de una fiesta infantil. Este tipo de comportamientos subrayan los desafíos que plantea la delegación de tareas en agentes autónomos con acceso a datos personales sensibles.
El lanzamiento de Muse llega en un momento en que Meta está realizando inversiones masivas en infraestructura de IA. La compañía ha proyectado que sus gastos de capital en chips e infraestructura para IA superarán los 130.000 millones de dólares en 2026, una cifra que cubre tanto a Muse como al resto de productos de inteligencia artificial lanzados por la compañía este año.
La decisión de Meta de lanzar Muse a pesar de las preocupaciones internas refleja la presión competitiva en el sector de la IA, donde empresas como OpenAI, Google y Anthropic están acelerando el desarrollo de agentes autónomos.
Aunque los incidentes documentados durante las pruebas internas plantean preguntas sobre la preparación de estos sistemas para su uso masivo y sobre los mecanismos de control que los usuarios tendrán para gestionar el acceso a sus datos y la ejecución de tareas en su nombre.
Muse representa un paso significativo hacia la visión de una IA personal y omnipresente, pero su lanzamiento también pone de manifiesto la tensión entre la innovación acelerada y la necesidad de garantizar la seguridad y la fiabilidad de sistemas que operan con un alto grado de autonomía.
Los próximos meses serán cruciales para evaluar cómo responde el mercado a esta nueva herramienta y cómo Meta aborda los inevitables fallos y desafíos que surgirán en el camino.
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