Sharpa presenta en IROS tres piezas que acercan la robótica háptica un poco más a la realidad

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La Conferencia Internacional sobre Robótica y Sistemas Inteligentes (IROS), que se celebra estos días en Pittsburgh, ha sido el escenario elegido por Sharpa para mostrar su apuesta más ambiciosa. La compañía ha presentado tres productos que juntos, cubren el ciclo completo de la manipulación robótica: desde la ejecución de movimientos complejos hasta la captura de datos para entrenar a los robots del futuro.

Los nombres técnicos son D01, W02 y AE01. Pero lo que importa no son las siglas, sino lo que cada uno de ellos nos permite hacer.

D01: la mano diestra que se mueve a 10,5 m/s

El primer producto es el D01, una diestra háptica integral diseñada para ejecutar movimientos de cuerpo completo. Incorpora piel electrónica y alcanza una velocidad máxima del efector final superior a los 10,5 metros por segundo.

Para ponerlo en contexto: esa velocidad es comparable a la de un brazo humano en un movimiento rápido y preciso. No se trata solo de fuerza, sino de control. La piel electrónica permite que el robot perciba lo que toca, ajustando la presión y la posición en tiempo real.

W02: la mano que cabe donde antes no cabía

El segundo producto es el W02, una mano diestra ligera totalmente háptica. Integra 21 grados de libertad activos, lo que significa que puede moverse con una articulación similar a la de una mano humana. Pero su rasgo más llamativo es el tamaño: es aproximadamente un 30% más pequeña que la generación anterior.

Esa reducción no es un detalle estético. Una mano más pequeña puede acceder a espacios donde una más grande no cabe. Puede manipular objetos delicados con mayor precisión. Y puede integrarse en robots más compactos sin sacrificar capacidades.

AE01: el guante que enseña a los robots

El tercer producto es el AE01, un guante de datos hápticos con exoesqueleto. Su función no es actuar, sino capturar. Registra los movimientos de la mano mediante 22 codificadores y admite 256 niveles de retroalimentación háptica por dedo.

Es, en esencia, una herramienta para transferir la destreza humana a los robots. Un operador se pone el guante, realiza una tarea, y el sistema registra cada movimiento, cada presión, cada ajuste. Esos datos se utilizan después para entrenar a los robots en tareas que requieren precisión y sensibilidad.

Las demostraciones: de la teoría a la práctica

Sharpa no se limitó a mostrar especificaciones. En la conferencia se celebraron demostraciones que ponen a prueba los tres productos en escenarios concretos. Una carrera de relevos, donde los robots debían coordinarse para completar el recorrido. Y un servicio de bar robótico, donde una mano diestra preparaba y servía bebidas.

Son ejemplos sencillos, pero reveladores. La carrera de relevos exige coordinación entre unidades. El bar robótico requiere manipulación precisa de objetos frágiles. Ambas tareas ponen a prueba la háptica, la velocidad y el control.

¿Qué relevancia pueden tener estos robots para el futuro?

La robótica háptica lleva años siendo una promesa. Los robots industriales son capaces de soldar, pintar o ensamblar con una precisión milimétrica. Pero carecen de la sensibilidad necesaria para tareas que requieren tacto: manipular alimentos, atender a personas, trabajar en entornos no estructurados.

Los productos de Sharpa apuntan a ese nicho. No compiten con los grandes brazos industriales. Compiten con las manos humanas. Y si funcionan como prometen, podrían abrir la puerta a una nueva generación de robots capaces de hacer lo que hasta ahora solo hacíamos nosotros.

La exposición en IROS permanecerá abierta hasta el 1 de octubre. Quienes asistan podrán ver los productos en funcionamiento y comprobar si las cifras de la presentación se sostienen sobre el terreno. Porque en robótica, como en todo, el papel lo aguanta todo. Lo que importa es lo que ocurre cuando la máquina se enciende.

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