Jensen Huang contra el apocalipsis de la IA: “2030 no será el fin del mundo, y la probabilidad de que lo sea es del 0%”

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El consejero delegado de Nvidia no tiene paciencia para los profetas del desastre. En una entrevista con CBS News, Jensen Huang ha respondido con dureza a quienes sostienen que la inteligencia artificial podría acabar con la humanidad en pocos años.

Para él, ese discurso no solo es exagerado. Es irresponsable. Y esconde, dice, algo más que preocupación genuina: “2030 no será el fin del mundo, y la posibilidad de que 2030 lo sea es del 0%”, declaró. “Es irresponsable e innecesario asustar a la gente”.

El debate que sacude a la industria

Las palabras de Huang llegan en un momento de tensión creciente dentro del sector. Hace unos días, Jacob Coxon (antiguo investigador de Anthropic) acusó públicamente a su antigua empresa y a OpenAI de actuar de forma irresponsable, poniendo en riesgo vidas humanas en su carrera por desarrollar una superinteligencia capaz de autoaprendizaje. Sus declaraciones encendieron el debate.

Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic y Sam Altman, al frente de OpenAI, respondieron pidiendo una ralentización del desarrollo de la IA de vanguardia. Ambos han advertido en repetidas ocasiones sobre riesgos existenciales. Huang, en cambio, no compra ese relato.

La postura de Huang: leyes suficientes, miedo innecesario

El argumento del fundador de Nvidia es doble. Primero, sostiene que las predicciones apocalípticas carecen de base científica. Segundo y más polémico, defiende que no hace falta legislación adicional para regular a los desarrolladores de IA.

“Las leyes de ciberseguridad y responsabilidad por daños ya abarcan una amplia gama de situaciones”, afirmó. “Estas disposiciones deberían aplicarse en primer lugar. No permitamos que los discursos apocalípticos sirvan de pretexto para que algunas personas eludan las restricciones legales vigentes”.

Huang se alinea así con la posición del presidente de Estados Unidos, que ha minimizado repetidamente los riesgos de la IA y ha advertido que una regulación excesiva beneficiaría a China. Para el directivo, las leyes actuales de responsabilidad por productos defectuosos y de acceso no autorizado a redes son suficientes.

El conflicto de interés que nadie ignora

Hay un detalle que conviene no perder de vista. Nvidia vende la potencia de cálculo que alimenta los grandes modelos de lenguaje de OpenAI, Anthropic y prácticamente todas las empresas punteras de IA.

Cuanta más IA se desarrolle, más chips se venden. La capitalización de mercado de Nvidia ha llegado a los 5,3 billones de dólares, lo que la convierte en la empresa más valiosa del mundo.

Huang reconoce esa relación, pero la enmarca en términos de responsabilidad: “El éxito de nuestra empresa está estrechamente relacionado con nuestros servicios de productos y la implementación de medidas de seguridad. Si no podemos mantener la seguridad, nuestro valor disminuirá”.

Es una respuesta razonable. También es la respuesta que uno esperaría de alguien cuyo negocio depende de que la IA siga avanzando sin frenos regulatorios.

China, la competencia y el mercado global

Sobre la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, Huang tiene una posición clara. Cree que la tecnología creada en su país debe beneficiar primero a los estadounidenses, pero se opone a prohibir la exportación de productos tecnológicos a China.

“Todas las empresas de chips deberían globalizarse, servir al mundo y competir en el mercado global”, declaró: “En Estados Unidos, la competencia es fundamental”.

Es una postura coherente con su visión de la industria, pero también con los intereses de Nvidia, que vende en todo el mundo y no quiere ver restringido su mercado.

El hombre detrás del discurso

La entrevista también dejó espacio para lo personal. Huang, octava persona más rica del mundo según Bloomberg, con un patrimonio estimado de 182.000 millones de dólares, habló de impuestos. California votará este otoño una propuesta para aplicar un impuesto único del 5% a los residentes con patrimonios superiores a mil millones de dólares.

A diferencia de otros multimillonarios californianos que han criticado la medida, Huang no se opone: “Poder pagar 8.000 millones de dólares en impuestos durante cinco años es tanto un privilegio como una responsabilidad”, dijo: “Nada me hace más feliz que pagar más impuestos. No le tengo miedo a pagar impuestos; solo le tengo miedo a quedarme pobre”.

También recordó sus orígenes. Antes de fundar Nvidia, trabajó como lavaplatos en un Denny’s. Allí, dice, concibió la idea de la empresa que hoy lidera la revolución de la inteligencia artificial: “En aquel entonces, solo estaba muy, muy concentrado en lavar bien los platos, haciéndolo como ningún otro lavaplatos podría hacerlo”.

La pregunta que queda

Huang ha dicho lo que piensa ylo ha dicho sin ambigüedades. Pero su postura plantea una pregunta incómoda, ¿Es el alarmismo un obstáculo para la innovación o una señal de prudencia? ¿Están los que piden cautela exagerando los riesgos o son los que los minimizan quienes tienen un interés económico en hacerlo?

El debate no se resolverá con una entrevista pero conviene escuchar a todas las partes. Incluso a las que como Huang, venden los chips que hacen posible eso que algunos temen.

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