Elon Musk ha vuelto a prometer el futuro. Esta vez, desde su cuenta de X, ha anunciado que su empresa The Boring Company planea construir una “versión simplificada de hyperloop” entre Austin y San Antonio, en Texas. El objetivo: reducir un trayecto que hoy lleva dos horas y media a menos de treinta minutos.
La compañía ha respaldado la idea desde su cuenta oficial, mostrando su entusiasmo por un proyecto que califica de “infraestructura a gran escala”. Es la primera vez en meses que Boring Company apunta a un corredor tan ambicioso.
Un historial que invita a la cautela
Conviene recordar dónde está la empresa. Los proyectos anunciados para Chicago, Los Ángeles y Nueva York nunca llegaron a construirse. Quedaron en presentaciones, renders y titulares.
Lo único que Boring Company tiene en funcionamiento real es un sistema de túneles en Las Vegas, el Convention Center Loop, que mueve pasajeros entre pabellones de un recinto ferial.
Eso no significa que la empresa esté parada. Hace poco cerró una ronda de financiación de 3.000 millones de dólares. Y el respaldo de Musk sigue atrayendo capital con facilidad..
Pero la distancia entre anunciar un túnel y perforarlo es enorme, sobre todo cuando hablamos de casi 130 kilómetros entre dos ciudades.
El problema físico que nadie menciona
El hyperloop, en su versión original, prometía cápsulas viajando a velocidad casi supersónica dentro de tubos al vacío. Ese concepto nunca ha funcionado fuera del papel. La versión “simplificada” que Musk menciona ahora suena más a túneles para vehículos eléctricos que a un sistema de transporte de alta velocidad real.
Si el trayecto se reduce a treinta minutos, hablamos de velocidades medias superiores a los 250 kilómetros por hora. Eso exige infraestructura de vía, sistemas de propulsión y controles de seguridad que Boring Company no ha demostrado tener a esa escala.
Lo que sí ha funcionado
El Loop de Las Vegas funciona, aunque con limitaciones. Los vehículos son Teslas conducidos por humanos, no cápsulas autónomas. La velocidad es baja. La capacidad, modesta. Pero funciona, y eso ya es más de lo que se puede decir de los demás proyectos.
La pregunta es si ese modelo puede escalar a un corredor interurbano de 130 kilómetros. Musk cree que sí. Los ingenieros que han estudiado el sistema tienen dudas razonables.
La geografía política también cuenta
Austin y San Antonio no son solo dos ciudades de Texas. Son dos polos económicos y demográficos en crecimiento. Un enlace rápido entre ambas tendría un impacto real en la movilidad, el precio de la vivienda y la actividad empresarial de la región.
Eso explica el interés. También explica por qué Musk elige Texas, un estado con regulaciones laxas, impuestos bajos y una clase política dispuesta a facilitar proyectos de infraestructura privada.
Lo que viene en el futuro
Musk ha anunciado la intención. No ha presentado plazos, presupuesto ni estudios de viabilidad. Boring Company ha dicho que está “muy ilusionada”, que es lo que se dice cuando no hay nada más concreto que decir.
Puede que el proyecto avance. Puede que se quede en un tuit. La historia de The Boring Company sugiere que lo segundo es más probable. Pero Musk tiene una capacidad probada para sorprender.
Mientras tanto, Austin y San Antonio siguen a dos horas y media la una de la otra. Y el túnel, por ahora, es solo una idea en una red social.
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