Familia de Kentucky rechaza 26 millones de dólares para convertir sus tierras agrícolas en un centro de datos de IA

Libro Centro de Datos, TODO lo que DEBES SABER: Qué son, Cómo funcionan, Ventajas y Desventajas leído en CiberED, publicado por Pablo Álvarez Corredera

Mientras las grandes tecnológicas aceleran la construcción de centros de datos para inteligencia artificial, una familia de agricultores de Kentucky ha tomado una decisión que ha sorprendido a todo Estados Unidos: rechazar una oferta de 26 millones de dólares para vender parte de sus tierras.

La propuesta procedía de una empresa de IA cuya identidad no ha sido revelada, pero ni una cifra millonaria fue suficiente para convencer a la familia Huddleston, que lleva generaciones cultivando esas tierras.

Nos llaman granjeros viejos y tontos, pero no lo somos

Según informó WKRC, la compañía quería adquirir aproximadamente la mitad de una finca de 1.200 acres situada en el norte de Kentucky para construir un gran centro de datos destinado a impulsar servicios de inteligencia artificial.

Aunque el precio habitual de estas tierras ronda los 6.000 dólares por acre, la empresa ofreció cerca de 10 veces su valor de mercado, elevando la propuesta hasta los 26 millones de dólares.

Sin embargo, Ida Huddleston fue tajante:

“Nos llaman granjeros viejos y tontos, pero no lo somos. Sabemos que cuando desaparecen nuestras tierras agrícolas, desaparecen nuestros alimentos. Y cuando ya no tenemos agua… sabemos que todo habrá terminado.”

Una tierra con generaciones de historia

La hija de Ida, Delsia Bare, explicó que la propiedad ha permanecido en manos de la familia durante generaciones y que siempre ha tenido un objetivo muy claro: alimentar a la comunidad.

Durante la entrevista recordó que sus antepasados cultivaban trigo incluso durante la Gran Depresión, contribuyendo a abastecer de alimentos a miles de personas en una de las épocas más difíciles de la historia del país.

Su mensaje fue igualmente contundente:

“Quedarse, resistir y alimentar a una nación. 26 millones de dólares no significan nada.”

La carrera por construir centros de datos no se detiene

El auge de la inteligencia artificial ha provocado una auténtica explosión en la construcción de centros de datos.

Actualmente, Estados Unidos alberga más de 4.400 centros de datos, muy por delante de cualquier otro país, mientras gigantes tecnológicos continúan buscando enormes extensiones de terreno para levantar nuevas infraestructuras capaces de soportar modelos de IA cada vez más exigentes.

Sin embargo, este crecimiento también está generando una fuerte oposición en muchas comunidades.

Los centros de datos consumen enormes cantidades de energía y agua

Uno de los principales motivos de preocupación es el enorme impacto que estas instalaciones pueden tener sobre el entorno.

Los centros de datos de IA requieren:

  • Cantidades masivas de electricidad para alimentar miles de servidores.
  • Millones de litros de agua destinados a refrigerar los equipos.
  • Una presión creciente sobre las redes eléctricas locales, que en algunos lugares ya comienzan a mostrar signos de saturación.

Estos factores han llevado a numerosos vecinos de distintas regiones de Estados Unidos a mostrar su rechazo a nuevos proyectos tecnológicos por miedo al impacto sobre los recursos naturales y el coste energético.

Otros propietarios sí aceptaron vender

Aunque la familia Huddleston rechazó la oferta sin pensarlo dos veces, otros propietarios de terrenos cercanos sí decidieron vender sus parcelas, según explicó Bare.

Todo apunta a que el proyecto terminará construyéndose en la zona, aunque no sobre las tierras de esta familia.

Una decisión que va más allá del dinero

En plena fiebre por la inteligencia artificial, donde las grandes compañías compiten por conseguir espacio para levantar gigantescos centros de datos, la decisión de los Huddleston representa una postura poco habitual.

Para ellos, el valor de la tierra no se mide únicamente en dólares, sino en su capacidad para producir alimentos, preservar el agua y mantener vivo un legado familiar que ha sobrevivido durante generaciones.

Mientras muchas explotaciones agrícolas terminan dando paso a infraestructuras tecnológicas, esta familia ha dejado claro que, al menos en su caso, hay cosas que ni siquiera 26 millones de dólares pueden comprar.

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