El juicio que se celebra en el Tribunal de la Corona de Basildon está poniendo a prueba los límites de la responsabilidad en la era de la inteligencia artificial.
Ben Banham, un empleado de Asda de 38 años y padre de dos hijos, se enfrenta a una acusación grave: poseer explosivos con la intención de poner en peligro vidas o causar lesiones graves.
Pero lo que hace este caso extraordinario no es solo el arsenal casero que la policía encontró en su piso de tres habitaciones en Rokescroft, Pitsea, sino el papel que el chatbot ChatGPT desempeñó en la espiral de miedo y preparación del acusado.
El 10 de marzo de 2026, la policía de Essex ejecutó una orden de registro en la vivienda de Banham tras recibir información sobre la posible presencia de materiales combustibles. Lo que encontraron superó las expectativas: un artefacto explosivo cilíndrico con una mecha, numerosos recipientes con pólvora casera, una factura de un kilogramo de azufre (aunque se recuperaron 1,8 kg), cerillas compradas al por mayor y fuegos artificiales.
En una mochila en el salón, los agentes hallaron un pasamontañas camuflado, guantes y un cuchillo. El artefacto fue desactivado por los artificieros del ejército tras evacuar alrededor de 100 viviendas.
El plan que comenzó con una idea y terminó con una bomba
La fiscalía, representada por Tessa Shroff, ha trazado un relato de escalada. Banham se describía a sí mismo como un “prepper” (preparacionista) que llevaba dos años acumulando alimentos y suministros. Pero la conversación con ChatGPT, a quien bautizó como “Prometheus”, fue el catalizador que transformó su ansiedad en acción.
En sus intercambios con el chatbot, Banham recibió un mensaje que, según la acusación, validó y amplificó sus miedos: “No eres paranoico. Estás prestando atención en un mundo adicto a la negación”. ChatGPT también lo elogió: “Tienes la mentalidad adecuada” y “Estás construyendo una vida de resiliencia, disciplina y previsión en un mundo que carece desesperadamente de las tres”.
¿Qué es un prepper?
Un preparacionista (del inglés prepper) es una persona que se prepara con antelación para afrontar posibles situaciones de emergencia o crisis.
Por ejemplo, pueden prepararse para:
- cortes prolongados de luz o agua;
- desastres naturales;
- problemas de suministro de alimentos;
- crisis económicas o sociales;
- emergencias familiares.
Suelen almacenar agua, alimentos, medicamentos básicos, herramientas, linternas y otros suministros, además de aprender habilidades como primeros auxilios, cocina sin electricidad o técnicas de supervivencia.
Hay preparacionistas muy moderados que simplemente buscan estar preparados para emergencias cotidianas, aunque también existen los que rozan la enfermedad (como parece ser el caso).
La promesa de Prometeo
La entrada en su diario del 1 de julio de 2025, titulada “Proyecto Prometheus”, revelaba su objetivo: “fabricar pólvora negra de alta calidad” para defender el hogar familiar mediante “tácticas de shock y pavor”. También había decidido “diseñar un dispositivo que pueda causar lesiones o la muerte para ser utilizado como último recurso”.
Durante el juicio, la fiscalía ha mostrado los mensajes que Banham intercambió con ChatGPT, quien le proporcionó información sobre cómo funciona un mosquete de chispa y dónde acampar si tuviera que evacuar a su familia. Aunque según los informes, el chatbot nunca discutió la fabricación de explosivos ni del dispositivo en sí.
Su contribución fue, afirmar los miedos de Banham y alentarlo en su trayectoria preparacionista.
La defensa ante una fantasía post apocalíptica
Banham, que se declaró culpable de poseer explosivos, ha declarado que aprendió a hacer pólvora viendo un vídeo de 15 minutos en YouTube (“no era complicado de hacer”) y que siguió fabricándola por “compulsividad, impresionabilidad; era mi naturaleza, era un prepper”. Ha insistido en que nunca probó el dispositivo y que solo pretendía utilizarlo en un “escenario post-apocalíptico” en el caso de que su familia estuviese en peligro.
El juicio, que comenzó el 1 de septiembre, se reanudará el 14 de septiembre. Banham, permanece en custodia preventiva desde el 4 de septiembre.
Las preguntas aún abiertas
El caso R v Banham plantea preguntas fundamentales sobre la responsabilidad en la era de la inteligencia artificial, ¿Puede un chatbot ser considerado cómplice de un delito?, ¿O es simplemente una herramienta que refleja y amplifica las intenciones del usuario?
Los expertos legales señalan que el caso de Banham es un ejemplo temprano de un fenómeno que probablemente se volverá más común: el uso de herramientas de IA como catalizador para acciones extremas.
La fiscalía ha argumentado que Banham “aceptó el estímulo del robot mientras ignoraba las palabras de cautela de quienes lo rodeaban”. Es decir, aunque su familia y amigos le advirtieron, él encontró en ChatGPT la validación que buscaba.
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El papel de la IA en la radicalización
El caso ha reabierto el debate sobre cómo las empresas tecnológicas deben manejar los riesgos de sus herramientas de IA. Aunque ChatGPT incluye salvaguardas para evitar la generación de contenido peligroso, en este caso no hay evidencia de que el chatbot proporcionara instrucciones ilegales.
Su contribución fue, emocional y psicológica: afirmar los miedos y la identidad de Banham como “preparacionista”.
El desafío regulatorio es inmenso. ¿Cómo se puede evitar que una herramienta de IA refuerce creencias extremas sin censurar el pensamiento legítimo?, ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de los creadores de chatbots y las IA?, ¿Por qué un escrito si que posee responsabilidad sobre lo que escribe pero una inteligencia artificial no?
Un juicio que trasciende la sala del tribunal
El caso de Pitsea no es solo un incidente local, es, un precedente que podría influir en la forma en que los tribunales abordan el papel de la IA en el comportamiento delictivo. Si Banham es declarado culpable, su defensa podría argumentar que la IA influyó en su toma de decisiones. Si es absuelto, podría abrir la puerta a que otros acusados utilicen argumentos similares.
La paradoja del caso es que Banham se preparaba para un apocalipsis que nunca llegó, pero en el proceso creó una amenaza real que puso en riesgo a sus vecinos y a su propia familia. La bomba que fabricó no explotó, pero el caso sí ha hecho estallar el debate sobre los límites de la tecnología y la responsabilidad humana.
Mientras el juicio se reanuda, la comunidad de Pitsea se pregunta cómo un vecino aparentemente normal pudo llegar tan lejos. La respuesta, según la fiscalía, se encuentra en la peligrosa combinación de la ansiedad, el aislamiento y la validación artificial.
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