El cohete chino mide unos 60 metros de altura y puede colocar hasta 7 toneladas en órbita de transferencia geoestacionaria. Su diseño combina tecnologías de Long March 7 y Long March 3A y está pensado para misiones que requieren llevar grandes cargas a órbitas elevadas
China se prepara para una nueva misión de su familia de cohetes Long March.
El protagonista es el Long March 7A (Chang Zheng-7A), un lanzador de tres etapas desarrollado para colocar satélites de gran tamaño en órbitas altas y que, con una longitud de aproximadamente 60,1 metros, se encuentra entre los vehículos más grandes actualmente operados por el programa espacial chino.

La preparación del cohete ha entrado en su fase final con su traslado a la plataforma de lanzamiento, un paso que precede a las comprobaciones verticales, las operaciones de integración y la carga de los propulsantes antes del despegue.
Las informaciones difundidas en China sitúan la apertura de la ventana de lanzamiento alrededor del 29 de julio de 2026, aunque la fecha definitiva puede depender de las condiciones técnicas y meteorológicas y debe considerarse provisional hasta que sea confirmada por las autoridades espaciales chinas.
Long March 7A fue diseñado por la China Academy of Launch Vehicle Technology (CALT) como una evolución de la familia Long March 7. Se trata de un lanzador de tres etapas de combustible líquido con capacidad para transportar cargas pesadas a órbitas altas.
Su capacidad declarada para una órbita de transferencia geoestacionaria es de aproximadamente 7 toneladas, una cifra que permite cubrir una parte importante de las necesidades de lanzamiento de satélites de comunicaciones y otras cargas destinadas a órbitas elevadas.
Un cohete diseñado para llenar un hueco en la capacidad de lanzamiento china
Long March 7A nació para cubrir una necesidad concreta dentro del sistema de lanzadores de China.
El país disponía de cohetes capaces de transportar cargas a órbita baja y de vehículos destinados a misiones de mayor potencia, pero existía un espacio entre las capacidades disponibles para transportar satélites pesados a órbitas de transferencia geoestacionaria.
Según la información oficial de la CNSA, Long March 7A elevó la capacidad china para este tipo de misiones desde aproximadamente 5,5 toneladas hasta 7 toneladas, cubriendo el segmento de cargas de entre 5,5 y 7 toneladas para órbitas de transferencia geoestacionaria.
Esta capacidad resulta especialmente importante para los satélites de comunicaciones.
Una misión de este tipo no consiste simplemente en lanzar un satélite al espacio. El cohete debe proporcionar suficiente energía para colocar la carga en una trayectoria adecuada que permita posteriormente al propio satélite alcanzar su órbita operacional.
Por eso, los lanzadores destinados a órbitas geoestacionarias necesitan una capacidad considerablemente superior a la necesaria para muchas misiones en órbita terrestre baja.
Long March 7A está diseñado precisamente para ese tipo de trabajos.
60 metros de altura y más de 570 toneladas al despegar
Las cifras del vehículo ayudan a comprender su tamaño.
La configuración estándar de Long March 7A tiene una longitud de aproximadamente 60,1 metros y una masa de despegue de unas 573 toneladas.
El diámetro del cuerpo central de las dos primeras etapas es de 3,35 metros, mientras que la tercera etapa tiene un diámetro de aproximadamente 3 metros. Los cuatro propulsores laterales tienen un diámetro de 2,25 metros.
El cohete puede utilizar diferentes configuraciones de carenado, con diámetros de 3,7 y 4,2 metros, lo que permite adaptar el vehículo a diferentes tipos de cargas.
Esta flexibilidad es importante porque los satélites de comunicaciones modernos han aumentado progresivamente de tamaño y masa.
La propia Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento ha señalado que el desarrollo futuro de satélites de gran tamaño requerirá configuraciones de mayor capacidad. Por ese motivo, China también ha trabajado en versiones evolucionadas de Long March 7A capaces de incorporar carenados de mayor diámetro y mejorar su rendimiento.
Una arquitectura basada en dos familias de cohetes
Una de las características más interesantes de Long March 7A es que no se trata de un diseño completamente aislado.
El vehículo aprovecha elementos tecnológicos de la familia Long March 7, especialmente de su arquitectura principal y sus propulsores, mientras que la tercera etapa deriva de tecnologías utilizadas en la familia Long March 3A.
El resultado es un lanzador de tres etapas diseñado específicamente para misiones de alta órbita.
La arquitectura combina un núcleo central con cuatro propulsores laterales. Las primeras etapas utilizan propulsantes líquidos basados en queroseno y oxígeno líquido, mientras que la tercera etapa emplea hidrógeno líquido y oxígeno líquido.
Esta combinación permite que el cohete alcance la energía necesaria para transportar cargas pesadas hacia órbitas de transferencia geoestacionaria.
La tercera etapa desempeña un papel especialmente importante. Después de que las primeras etapas proporcionen el impulso inicial y se separen, la etapa superior continúa acelerando la carga hasta situarla en la trayectoria requerida.
Es una configuración habitual en los lanzadores destinados a misiones de alta energía.
Puede lanzarse desde dos centros espaciales chinos
Long March 7A también destaca por su flexibilidad operativa.
El diseño permite realizar lanzamientos desde el Centro de Lanzamiento Espacial de Wenchang, en la isla de Hainan, y desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Xichang, en la provincia de Sichuan.
Wenchang tiene una importancia especial para los vehículos de nueva generación de China porque su ubicación permite aprovechar la ventaja que ofrece una latitud relativamente baja. Cuanto más cerca del ecuador se encuentra un centro de lanzamiento, mayor es la velocidad de rotación de la Tierra disponible para contribuir al lanzamiento hacia determinadas órbitas.
Xichang, por su parte, cuenta con una larga experiencia en misiones destinadas a órbitas altas y ha sido durante décadas uno de los principales centros de lanzamiento de satélites de comunicaciones de China.
La posibilidad de utilizar diferentes instalaciones proporciona una mayor flexibilidad para organizar las campañas de lanzamiento y distribuir las misiones entre diferentes centros.
La comparación con Starship requiere contexto
La comparación entre Long March 7A y Starship resulta inevitable por las dimensiones de ambos vehículos, pero es importante no confundir sus objetivos.
Long March 7A mide aproximadamente 60,1 metros de altura y está diseñado como un lanzador desechable de capacidad media para misiones orbitales, especialmente hacia órbitas altas. Su capacidad para una órbita de transferencia geoestacionaria es de aproximadamente 7 toneladas.
Starship, en cambio, es un sistema completamente diferente.
El vehículo desarrollado por SpaceX está formado por dos elementos principales: la nave Starship y el propulsor Super Heavy. El conjunto completo está concebido como un sistema de transporte espacial reutilizable, destinado a llevar tripulación y carga a la órbita terrestre y, en el futuro, a la Luna y Marte.
Por tanto, comparar únicamente la altura de Long March 7A con la de la nave Ship no permite evaluar cuál de los dos sistemas es «más potente».
La arquitectura de Long March 7A está optimizada para transportar cargas concretas hacia órbitas determinadas, mientras que Starship está siendo desarrollada como un sistema reutilizable de una escala mucho mayor, en el que el propulsor Super Heavy desempeña un papel esencial.
De hecho, la propia SpaceX describe Starship como un sistema compuesto por la nave y el Super Heavy, diseñado para misiones de transporte de tripulación y carga y con el objetivo de lograr una reutilización rápida y completa.
La comparación de altura puede resultar llamativa, pero la verdadera diferencia entre ambos sistemas está en su arquitectura.
Long March 7A es un lanzador convencional de tres etapas. Starship pretende convertirse en un sistema de transporte espacial totalmente reutilizable :son dos filosofías tecnológicas muy diferentes.
El verdadero objetivo es dominar las órbitas altas
El papel de Long March 7A dentro del programa espacial chino está relacionado principalmente con la expansión de la capacidad de lanzamiento hacia órbitas altas.
Los satélites geoestacionarios siguen siendo fundamentales para las comunicaciones, la televisión, determinados servicios meteorológicos y otras aplicaciones estratégicas.
Estos satélites necesitan situarse a unos 35.786 kilómetros sobre el ecuador para permanecer aparentemente fijos respecto a un punto de la superficie terrestre.
Llegar hasta esa región del espacio requiere mucha más energía que colocar un satélite en órbita terrestre baja.
Por eso, la capacidad de lanzar cargas de 7 toneladas a una órbita de transferencia geoestacionaria constituye una ventaja importante.
Además, la plataforma puede realizar misiones diferentes. Las fuentes oficiales chinas señalan que Long March 7A también tiene capacidad para misiones hacia órbitas de inclinación cero y trayectorias lunares, ampliando sus posibles aplicaciones más allá de los satélites geoestacionarios.
Un vehículo que también prepara el camino para futuras versiones
El desarrollo de Long March 7A no parece estar limitado a la configuración actual.
La evolución de los satélites está obligando a los fabricantes de cohetes a aumentar progresivamente la capacidad de carga y el volumen disponible bajo el carenado.
China ya ha indicado que trabaja en configuraciones mejoradas capaces de utilizar un carenado de hasta 5,2 metros de diámetro, junto con modificaciones destinadas a mejorar el rendimiento general del vehículo.
Este desarrollo es importante porque el tamaño de un satélite no depende únicamente de su masa.
Un vehículo puede tener suficiente capacidad para levantar una carga pesada y, sin embargo, no disponer de espacio suficiente para alojarla dentro del carenado.
El aumento del diámetro permite transportar estructuras más voluminosas y facilita el lanzamiento de satélites de nueva generación.
La evolución de Long March 7A refleja así una tendencia que se está produciendo en todo el sector espacial: los satélites son cada vez más grandes, complejos y potentes, y los lanzadores deben adaptarse a ellos.
El lanzamiento marcará otro paso en la expansión espacial china
Si el lanzamiento previsto para finales de julio se lleva a cabo según lo esperado, Long March 7A continuará consolidándose como una de las piezas importantes de la infraestructura espacial china para misiones de alta órbita.
Desde su primera misión, el vehículo ha sido utilizado para diferentes tipos de cargas, demostrando su capacidad para colocar satélites en las trayectorias previstas. La CNSA ha descrito su desarrollo como una respuesta a la creciente necesidad de capacidad para misiones de alta órbita.
Su importancia, sin embargo, va más allá de un único lanzamiento.
China está construyendo una arquitectura espacial cada vez más amplia que incluye satélites de comunicaciones, navegación, observación de la Tierra, exploración lunar y futuras misiones de espacio profundo.
Para sostener esa actividad necesita una familia de lanzadores capaz de cubrir diferentes rangos de masa y órbita.
Long March 7A ocupa una posición intermedia dentro de esa estrategia.
No compite directamente con los vehículos más pesados del mundo en términos de capacidad de carga total. Su función es más específica: proporcionar una plataforma fiable para colocar cargas relativamente pesadas en órbitas altas y hacerlo con una arquitectura que pueda evolucionar en los próximos años.
La carrera espacial se mide cada vez menos por la altura
La imagen de un cohete de 60 metros preparado para despegar resulta espectacular, especialmente cuando se compara con vehículos como Starship.
Pero la verdadera evolución de la industria espacial no se encuentra únicamente en construir cohetes cada vez más altos.
Está en conseguir que sean más capaces, más fiables y, cada vez más, reutilizables.
Long March 7A representa la evolución de un modelo tradicional de lanzador de varias etapas, optimizado para misiones concretas y basado en tecnologías probadas.
Starship representa una apuesta radicalmente diferente: un sistema completamente reutilizable que pretende transformar la economía de los lanzamientos espaciales.
China y SpaceX están avanzando, por tanto, por caminos tecnológicos distintos.
El Long March 7A que se prepara para su próximo lanzamiento no es el equivalente chino de Starship, pero sí es una pieza importante de la estrategia espacial de Pekín.
Con sus aproximadamente 60 metros de altura, una capacidad de hasta 7 toneladas hacia la órbita de transferencia geoestacionaria y la posibilidad de evolucionar hacia configuraciones más grandes, el vehículo demuestra que la carrera espacial moderna no se limita a construir el cohete más grande.
También consiste en desarrollar una familia completa de sistemas capaces de responder a una demanda espacial que no deja de crecer.
Y mientras Long March 7A se prepara para otra misión, la industria espacial mundial continúa avanzando hacia una nueva etapa en la que la capacidad de lanzamiento, la reutilización y la infraestructura orbital serán tan importantes como el propio cohete que despega desde la plataforma.
