La compañía ha publicado nuevas fotografías y vídeos a cámara lenta del lanzamiento, mientras el vuelo 13 marca un nuevo paso hacia la reutilización completa del sistema Starship
Fuego, humo y una columna de gases que parece envolver por completo la plataforma de lanzamiento. SpaceX ha difundido nuevas imágenes del decimotercer vuelo de prueba de Starship, una misión que ha dejado algunas de las escenas más impresionantes de la campaña de ensayos del gigantesco sistema espacial.
Las fotografías muestran el lanzamiento desde distintos ángulos, desde el instante en que los 33 motores Raptor 3 del propulsor Super Heavy cobran vida hasta los primeros segundos de ascenso, cuando el vehículo comienza a elevarse sobre la plataforma de Starbase, en el sur de Texas.
Las imágenes permiten apreciar la enorme escala del conjunto formado por Starship y Super Heavy. Durante el despegue, los motores Raptor generan una espectacular combinación de llamas y nubes de vapor y humo, mientras el cohete comienza a separarse lentamente de la torre de lanzamiento.
El vuelo 13, realizado el 24 de julio de 2026, representó además el segundo ensayo de la configuración V3 de Starship y Super Heavy. El lanzamiento se produjo desde Starbase y la misión siguió una trayectoria suborbital diseñada para poner a prueba diferentes tecnologías necesarias para convertir el sistema en un vehículo completamente reutilizable.
Un vuelo con objetivos cada vez más ambiciosos
Starship está concebida como un sistema de transporte espacial de gran capacidad y totalmente reutilizable. Su arquitectura está formada por dos elementos: el propulsor Super Heavy, encargado de proporcionar el empuje inicial, y la nave Starship, que continúa el vuelo una vez completada la separación de etapas.
El objetivo a largo plazo de SpaceX es que ambos vehículos puedan ser recuperados y reutilizados con una frecuencia mucho mayor que la de los sistemas espaciales tradicionales. Esa capacidad es fundamental para el ambicioso proyecto de la compañía de reducir drásticamente el coste de acceso al espacio y, en última instancia, facilitar misiones de larga duración más allá de la órbita terrestre.
La NASA también considera Starship un elemento clave de su programa Artemis.
La agencia estadounidense ha seleccionado una variante de la nave como sistema de aterrizaje lunar para futuras misiones tripuladas, mientras que SpaceX mantiene una visión mucho más amplia que incluye el desarrollo de una infraestructura capaz de apoyar misiones a la Luna y, en el futuro, a Marte.
El gran hito: Starship sobrevive al amerizaje
Uno de los momentos más importantes del vuelo 13 llegó al final de la trayectoria de la nave. Después de completar su reentrada atmosférica, Starship realizó un amerizaje controlado en el océano Índico.
Esta vez, sin embargo, ocurrió algo que distingue especialmente a esta misión de las anteriores: la nave llegó al agua y permaneció íntegra y a flote, transmitiendo datos después del contacto con el océano.
El resultado supone un avance significativo para SpaceX, especialmente porque el escudo térmico es uno de los elementos más exigentes del diseño de Starship. Durante la reentrada, la nave debe soportar temperaturas extremas y enormes cargas aerodinámicas antes de reducir su velocidad para el descenso final.
Los datos obtenidos durante este vuelo proporcionan a los ingenieros información directa sobre el comportamiento del vehículo y de su protección térmica en condiciones reales de vuelo.
La misión también permitió continuar las pruebas relacionadas con la protección térmica de Starship. Algunas unidades de la nueva generación de satélites Starlink transportadas durante el vuelo incorporaban cámaras y sensores destinados a observar el comportamiento del escudo térmico durante la reentrada, una de las fases críticas para conseguir que la nave pueda volver a volar de forma rápida y repetida.
El Super Heavy no completó el regreso previsto
Aunque el vuelo de Starship terminó con un amerizaje especialmente suave, el comportamiento del propulsor Super Heavy fue menos favorable.
Tras la separación de etapas, el propulsor inició las maniobras previstas para su regreso. Sin embargo, durante la fase final de descenso no consiguió realizar el encendido necesario de todos los motores previstos para completar un retorno controlado, por lo que terminó impactando en el golfo de México.
El resultado ilustra bien la naturaleza de estos vuelos de prueba: aunque una misión pueda alcanzar varios objetivos importantes, cada lanzamiento sirve también para identificar los elementos que todavía necesitan mejoras antes de que el sistema pueda operar de forma rutinaria.
Starship también puso a prueba la nueva generación de Starlink
Otro de los objetivos destacados del vuelo 13 fue el despliegue de 20 satélites de nueva generación Starlink V3.
La misión sirvió así como banco de pruebas para una nueva generación de hardware asociado a la constelación de comunicaciones de SpaceX. Algunos de estos satélites fueron utilizados para recopilar información sobre el propio vuelo y el comportamiento del escudo térmico durante la reentrada.
Aunque el despliegue estaba integrado en la misión, estos vehículos no estaban destinados a completar una misión orbital convencional en este vuelo de prueba. Su presencia permitió a SpaceX combinar distintos objetivos tecnológicos dentro de una misma misión experimental.
El próximo gran desafío: capturar la nave con la torre
El siguiente paso podría ser todavía más espectacular.
Después de que SpaceX haya demostrado en vuelos anteriores la capacidad de recuperar el propulsor Super Heavy mediante los brazos mecánicos de la torre de lanzamiento —las conocidas «palillos» o chopsticks del sistema Mechazilla—, la compañía se prepara para intentar llevar esa filosofía de recuperación también a la propia nave Starship.
La idea es que, en un futuro vuelo, la nave pueda regresar hasta las proximidades de la torre y ser capturada mediante los brazos mecánicos, eliminando la necesidad de utilizar patas de aterrizaje convencionales y facilitando una recuperación más rápida.
Se trata de una maniobra considerablemente más compleja que la captura del Super Heavy. Starship debe realizar una reentrada atmosférica, controlar su descenso y ejecutar una maniobra de giro antes de colocarse en posición para una eventual captura.
SpaceX ya ha demostrado que la arquitectura de la torre puede utilizarse para recuperar el propulsor, pero trasladar ese procedimiento a la nave será un desafío de una magnitud diferente.
Mucho más que unas imágenes espectaculares
Las nuevas fotografías y los vídeos a cámara lenta permiten apreciar la dimensión visual de Starship, pero detrás de esas imágenes hay un objetivo tecnológico mucho más ambicioso.
Cada lanzamiento proporciona datos sobre los motores Raptor, la separación de etapas, las maniobras de vuelo, la reentrada atmosférica y el escudo térmico. El propósito final es desarrollar un sistema capaz de realizar múltiples vuelos con una intervención mínima entre misiones.
El vuelo 13 no fue perfecto: el Super Heavy no completó el regreso previsto y la nave todavía no ha demostrado una recuperación operacional mediante captura en la torre. Pero la supervivencia de Starship tras un amerizaje controlado en el océano Índico representa un hito relevante dentro del programa.
La gran pregunta ahora es cuánto tardará SpaceX en convertir estos éxitos experimentales en una capacidad de vuelo verdaderamente reutilizable y operativa. El camino hacia la Luna y, más adelante, hacia Marte, sigue dependiendo de resolver precisamente ese desafío: conseguir que un vehículo gigantesco pueda volar, regresar y volver a despegar una y otra vez.
Y, mientras tanto, las imágenes del decimotercer vuelo ofrecen una espectacular muestra de la escala de la tecnología que SpaceX está intentando desarrollar.

