Matar jugadores, saquear sus objetos y escapar con vida ya no sirve únicamente para conseguir botín. En BR1: INFINITE, una eliminación puede convertirse directamente en dinero real.
La propuesta resulta tan llamativa como controvertida.
El juego, transforma el concepto de extraction shooter en una especie de competición económica en la que los jugadores pueden obtener dólares durante las partidas y según el sistema anunciado, retirarlos posteriormente en forma de USDC sobre Solana.
El planteamiento recuerda, inevitablemente, a los antiguos juegos Web3 play-to-earn: donde el dinero de los jugadores, las recompensas, las comisiones y los objetos de pago formaban parte de una misma economía.
Un extraction shooter donde matar también puede dar dinero
A nivel jugable, BR1: INFINITE no pretende reinventar el género. Su estructura encaja perfectamente con la fórmula looter shooter o extraction shooter: el jugador entra en una partida, busca recursos, elimina enemigos, recoge objetos y trata de escapar antes de convertirse en la víctima.
La gran diferencia es, lo que ocurre con ese botín.
BR1 convierte determinadas recompensas obtenidas durante las partidas en dinero real. En uno de sus modos, por ejemplo, el jugador puede pagar una entrada de 1 dólar para participar en partidas en las que cada eliminación puede generar aproximadamente otro dólar. Además, existen cantidades de dinero repartidas por los propios escenarios.
Sobre el papel, la mecánica es sencilla: arriesgar dinero, jugar bien y salir de la partida con más dinero del que se tenía al entrar. Pero existe una condición importante en todo esto..
Si el jugador muere, puede perder el dinero que llevaba encima y otro participante puede recogerlo.
Esto, cambia por completo la tensión habitual de un extraction shooter. En juegos como Escape from Tarkov o ARC Raiders, morir te implica perder el equipamiento, los recursos y el progreso. Pero en BR1, según el modelo presentado, también puede significar perder dinero real.
El verdadero negocio está en las comisiones
Una de las piezas fundamentales del sistema es el denominado bonificador de retención de ganancias. Cuanto mayor sea este porcentaje, mayor será la parte de las ganancias que conserva el jugador y menor será la cantidad que se queda el sistema.
La cuestión es cómo aumentar ese porcentaje y aquí es, donde entra en juego el dinero.
BR1 permite incrementar esta bonificación mediante determinados elementos cosméticos, como skins para personajes y armas. Las más raras pueden proporcionar hasta un 12 % de bonificación, mientras que el sistema establece un máximo del 15 %.
La diferencia puede parecer pequeña, pero en un modelo basado en numerosas eliminaciones y partidas, cada porcentaje puede terminar teniendo un impacto considerable.
Por ejemplo, una eliminación que inicialmente genere alrededor de 0,80 dólares efectivos podría acercarse a los 0,95 dólares con una bonificación del 15 %.
La pregunta resulta inevitable: ¿Estamos realmente ante cosméticos tradicionales o ante ventajas económicas que se compran con dinero real?
Aunque estas skins no aumenten directamente el daño de un arma ni la resistencia del personaje, sí pueden modificar cuánto dinero termina conservando el jugador.
Así funciona el sistema en una partida
El funcionamiento se entiende mejor con un ejemplo.
Imaginemos que un jugador dispone de una bonificación del 12 % y entra en una partida pagando 1 dólar. Durante la partida consigue eliminar a cuatro rivales y encuentra otros 3 dólares repartidos por el mapa.
Si consigue sobrevivir y completar la extracción, las recompensas anunciadas podrían ser aproximadamente las siguientes:
- 3,68 dólares por las cuatro eliminaciones.
- 3 dólares por el dinero encontrado.
- 0,50 dólares adicionales por completar la extracción.
- 7,18 dólares en total.
En una partida especialmente exitosa, por tanto, el jugador podría multiplicar varias veces el coste de entrada. Precisamente ahí, está uno de los principales atractivos de BR1: cada partida tiene una recompensa económica tangible.
Pero el sistema también funciona en la dirección contraria: un jugador que paga la entrada y muere, puede terminar simplemente perdiendo el dinero que había invertido.
El aspecto más polémico: pagar para ganar más
BR1 también permite alquilar o vender skins y otros objetos, introduciendo todavía más elementos propios de los antiguos modelos Web3.
Esto puede generar una dinámica bastante particular. Si el objetivo es maximizar las ganancias, puede resultar interesante invertir previamente en objetos capaces de aumentar la cantidad de dinero que el jugador conserva.
En otras palabras, quien quiera ganar más dinero puede verse incentivado a gastar dinero antes de empezar a jugar.
Esto hace que BR1 se aleje bastante del modelo tradicional de videojuego y se acerque más a una plataforma económica construida alrededor de un juego.
Un juego que recuerda demasiado a la Web3
La propuesta de BR1 no surge de la nada. El proyecto está asociado a Evan Ryer, fundador de HypeX.gg, una plataforma relacionada con las apuestas que posteriormente fue adquirida por React Gaming Group.
Además, el planteamiento de BR1 encaja con una idea que tuvo un enorme protagonismo durante la época de mayor popularidad de los videojuegos Web3 creados bajo proyectos blockchain: jugar y obtener recompensas económicas que posteriormente pueden convertirse en activos con valor real.
El concepto de play-to-earn prometía precisamente eso: jugar para ganar dinero. El problema es, que muchos de aquellos proyectos demostraron que convertir un videojuego en una economía no garantiza que esa economía pueda mantenerse a largo plazo.
BR1 plantea una versión mucho más directa del concepto: el dinero entra en las partidas y el rendimiento de los jugadores determina quién termina quedándose con una parte de él.
¿Puede todo el mundo ganar dinero?
Aquí aparece una de las preguntas más importantes que plantea el modelo. Si un jugador obtiene dinero al eliminar a otro, ese dinero tiene que proceder de alguna parte.
Si otro participante ha pagado una entrada, muere y pierde su inversión, resulta evidente que no todos pueden terminar ganando.
El sistema crea así, una transferencia de valor entre los propios participantes, mientras que el operador obtiene ingresos adicionales mediante las comisiones.
Puede resultar especialmente atractivo para los jugadores con mejores resultados, pero también genera una dinámica muy diferente a la de un videojuego convencional: ya no juegas únicamente para ganar una partida: juegas también para no perder dinero.
El gran problema de los tramposos
Aquí aparece probablemente uno de los mayores desafíos técnicos para BR1.: ¿Qué ocurre cuando en un videojuego hay dinero real en juego y aparecen los tramposos?
Los sistemas antitrampas, llevan años siendo uno de los grandes problemas de los videojuegos competitivos. Incluso compañías con enormes presupuestos, tienen dificultades para mantener sus títulos libres de cheaters.
En BR1, el incentivo podría ser todavía mayor. Un cheater no conseguiría únicamente una ventaja competitiva: potencialmente podría obtener dinero real.
Esto convierte el sistema antitrampas en un elemento fundamental para la viabilidad de toda la propuesta.
La compañía afirma contar con inversión de empresas del sector, entre ellas Krafton. Aunque la información disponible sobre el tamaño del equipo resulta llamativa: BRAVO READY aparece con una plantilla de apenas 2 a 10 empleados en LinkedIn, según el material original.
Para un proyecto que pretende gestionar una economía con dinero real, además de controlar trampas, servidores, transacciones y seguridad, la escala del desafío parece considerable.
Un apartado visual que no está a la altura de la ambición
Paradójicamente, el concepto económico de BR1 resulta bastante más ambicioso que el propio videojuego. Visualmente, el título presenta un aspecto relativamente modesto, con modelados sencillos, escenarios poco llamativos y diseños de personajes discutibles.
Las propias skins tampoco parecen justificar fácilmente sus precios. Algunas pueden alcanzar los 50 dólares, mientras que su principal atractivo parece estar relacionado precisamente con las bonificaciones económicas que proporcionan.
Esto genera una situación bastante peculiar: el juego no parece vender sus cosméticos únicamente por su valor artístico, sino también por su capacidad para modificar el rendimiento económico del jugador.
¿Un videojuego o una plataforma financiera?
Quizá esta sea la cuestión más interesante que plantea BR1: ¿hasta qué punto sigue siendo un videojuego cuando el dinero real se convierte en una de sus principales mecánicas?
La experiencia sigue teniendo disparos, exploración, extracción, inventario y progresión. Sin embargo, alrededor de todas estas mecánicas existe una economía que introduce entradas de pago, recompensas monetarias, comisiones, bonificaciones, comercio de objetos y criptomonedas.
El jugador ya no solo quiere sobrevivir porque perderá su equipamiento: quiere sobrevivir porque puede perder dinero. Y eso convierte a BR1 en una propuesta, como mínimo, extraordinariamente particular.
La idea podría resultar revolucionaria si consigue construir una economía sostenible, mantener una comunidad activa y controlar eficazmente a los tramposos.
Pero también, podría terminar convirtiéndose en otro ejemplo de un videojuego que utiliza la promesa de «jugar para ganar dinero» como principal reclamo, mientras el sistema acaba favoreciendo al operador y a los jugadores con mayor capacidad de inversión.




