Los estadounidenses no pueden comprar coches chinos, pero Waymo los importa por barcos

Los estadounidenses no pueden comprar coches chinos, pero Waymo los importa por barcos leído en CIBERED

Mientras los consumidores estadounidenses encuentran enormes dificultades para comprar un coche eléctrico fabricado en China, una de las empresas tecnológicas más avanzadas del país, Waymo, está importando cientos de vehículos chinos para convertirlos en la base de su nueva generación de robotaxis.

La situación ha despertado una intensa conversación en Estados Unidos: ¿Cómo es posible que un ciudadano tenga tantas dificultades para adquirir un vehículo eléctrico chino mientras una compañía estadounidense puede importar miles de unidades y ponerlas a circular por algunas de las principales ciudades del país?

La respuesta se encuentra en una combinación de aranceles, regulación, tecnología y sobre todo, en la particular naturaleza de los vehículos que Waymo está importando.

Un vehículo singular llamado Ojai

Desde 2024, la marca china Zeekr, perteneciente al grupo Geely, habría enviado a Estados Unidos más de 3.200 unidades de este vehículo a través del puerto de Los Ángeles.

Dentro de Waymo, estas unidades reciben el nombre interno de Ojai. Solo durante 2026 habrían llegado más de 2.600 a un ritmo cercano a los 300 vehículos mensuales.

El Ojai, comenzó a aparecer en pequeñas cantidades en ciudades como San Francisco, Los Ángeles y Phoenix, coincidiendo con la expansión del servicio comercial de conducción autónoma de Waymo. Y su diseño resulta difícil de ignorar.

El vehículo dispone de puertas correderas eléctricas enfrentadas, ausencia de un pilar B convencional y un interior tipo monovolumen con suelo bajo. Todo ello facilita notablemente el acceso y la salida de los pasajeros, algo especialmente interesante para personas mayores, niños o usuarios con movilidad reducida.

El habitáculo también incorpora numerosos elementos pensados para el transporte de pasajeros: asas, pequeños ganchos, puertos de carga y botones con información en braille.

No es, por tanto, un coche convencional adaptado a posteriori para transportar pasajeros. Su concepción parece responder desde el principio a una pregunta muy concreta: ¿cómo debería ser un vehículo diseñado para llevar personas de forma autónoma?

La llegada de los vehículos chinos

La procedencia del Ojai comenzó a hacerse evidente cuando aparecieron imágenes de numerosas unidades desembarcando en el puerto de Los Ángeles.

Un vídeo del creador de contenido David Moss mostró una gran cantidad de estos vehículos siendo descargados de los barcos. En otra grabación pudieron verse más de 500 unidades ya decoradas con los colores de Waymo, a la espera de recibir los sistemas necesarios para convertirse en robotaxis.

La plataforma procede de Zeekr y está relacionada con la del Zeekr MIX fabricado en China. Una vez integrada en el proyecto de Waymo, recibe el nombre de Ojai.

Y fue entonces cuando surgió la inevitable pregunta.

¿Por qué Waymo puede comprarlos y un ciudadano estadounidense no?

La reacción en las redes sociales fue inmediata. Muchos usuarios señalaron una aparente contradicción: mientras las empresas pueden importar vehículos chinos para desarrollar determinadas actividades, los consumidores estadounidenses se encuentran con enormes obstáculos si quieren comprar uno.

La cuestión resulta todavía más llamativa porque Waymo pertenece a Alphabet, la matriz de Google, mientras que el ciudadano particular no dispone de las mismas facilidades para acceder a un automóvil eléctrico chino.

La polémica adquiere una dimensión adicional cuando se observa la diferencia de precios existente entre determinados vehículos eléctricos chinos y los automóviles nuevos que se comercializan en Estados Unidos.

Según los datos recogidos en el texto original, el precio medio de un vehículo nuevo en Estados Unidos pasó de unos 38.500 dólares en 2019 a aproximadamente 47.000 dólares en 2023, y actualmente se acerca a los 52.000 dólares. Mientras tanto, algunos vehículos eléctricos chinos pueden encontrarse en otros mercados por cantidades considerablemente inferiores.

El resultado es una curiosa sensación entre algunos consumidores: pueden ver esos coches circulando por sus ciudades, pero no pueden comprarlos.

Una tecnología que también interesa a los concesionarios

La paradoja no termina ahí.

Algunos concesionarios estadounidenses han reconocido el atractivo de los vehículos chinos por su combinación de precio, tecnología y equipamiento. Entre ellos se encuentra Rhett Ricart, vinculado a la comercialización de marcas tradicionales como Ford y Chevrolet.

Otros distribuidores aseguran recibir consultas de clientes interesados en adquirir coches chinos, aunque la respuesta habitual sigue siendo la misma: actualmente no pueden venderlos oficialmente en Estados Unidos.

La demanda existe. Lo que no existe, al menos de forma generalizada, es la posibilidad de satisfacerla.

La clave está en cómo entra el Ojai en Estados Unidos

Aquí se encuentra la parte más interesante de la historia.

Aunque Estados Unidos mantiene importantes restricciones sobre los vehículos conectados fabricados en China, el caso de Waymo presenta diferencias sustanciales.

La relación entre Waymo y Zeekr comenzó en 2021, cuando ambas compañías anunciaron su colaboración para desarrollar vehículos específicamente destinados a la conducción autónoma.

Además, el Ojai no llega necesariamente a Estados Unidos como un robotaxi completamente equipado.

La idea es mucho más interesante: Zeekr proporciona la plataforma física y Waymo incorpora posteriormente su propia tecnología de conducción autónoma.

En esencia, el fabricante chino aporta la carrocería, la plataforma, la batería, el motor y los demás componentes fundamentales del vehículo. Después, en Estados Unidos, Waymo añade todo aquello que transforma esa plataforma en un robotaxi.

El cerebro del robotaxi se instala en Estados Unidos

Una vez que los vehículos llegan al país, son trasladados a las instalaciones de Waymo en Mesa, Arizona.

Allí reciben los sensores y sistemas necesarios para la conducción autónoma: cámaras, radares, lidar, ordenadores y otros componentes.

Según los datos recogidos en el artículo, la nueva generación del sistema de Waymo utiliza 13 cámaras, cuatro sensores lidar y seis radares.

La distinción es fundamental.

Waymo no está simplemente importando un automóvil chino conectado para venderlo a un cliente estadounidense. Está importando una plataforma física sobre la que posteriormente construye su propio sistema tecnológico.

Dicho de otra manera: el vehículo puede ser chino, pero el “cerebro” que lo convierte en robotaxi es desarrollado e instalado por Waymo.

Incluso con los aranceles, las cuentas pueden salir

Hay otro elemento que ayuda a explicar la decisión de Waymo: la economía del proyecto.

Según los documentos de importación citados en el artículo, cada Ojai tendría un valor declarado de aproximadamente 38.000 dólares. Con los aranceles aplicables, el coste de importación podría ascender hasta unos 86.500 dólares por unidad.

Después habría que añadir el sistema de conducción autónoma, cuyo coste se estima por debajo de los 20.000 dólares. En conjunto, el coste total rondaría los 110.000 dólares por vehículo.

Puede parecer una cifra extraordinariamente elevada.

Pero la comparación cambia cuando se observa la alternativa.

Más barato que convertir un Jaguar en robotaxi

Durante años, una parte importante de la flota de Waymo se ha basado en vehículos Jaguar I-PACE modificados para funcionar como robotaxis.

El problema es que convertir un vehículo convencional en una plataforma autónoma requiere una considerable cantidad de hardware adicional y el coste de modificación puede superar los 200.000 dólares por unidad. Además, Jaguar ya ha dejado de fabricar el I-PACE, lo que introduce nuevos interrogantes sobre la disponibilidad futura de piezas y el mantenimiento de la flota.

El Ojai parte de una filosofía completamente diferente.

Su diseño ya contempla el transporte autónomo de pasajeros: suelo plano, acceso sencillo, puertas correderas y un habitáculo concebido para facilitar el movimiento de las personas.

Por eso, incluso después de asumir los elevados aranceles estadounidenses, la plataforma de Zeekr puede seguir siendo una opción económicamente atractiva para Waymo.

No significa que los coches chinos hayan conquistado el mercado estadounidense

Conviene, sin embargo, no interpretar este caso como una apertura general del mercado estadounidense a los automóviles chinos.

No lo es.

Waymo no está importando estos vehículos para venderlos a particulares. Está utilizando la plataforma fabricada por Zeekr como punto de partida para construir su propia flota de robotaxis, mientras que los sistemas de conducción autónoma, los sensores y buena parte de la tecnología crítica se incorporan posteriormente en Estados Unidos.

La historia, por tanto, es algo más sofisticada que la simple idea de que “los coches chinos están entrando en Estados Unidos”.

Lo que está ocurriendo es que un fabricante chino proporciona la plataforma física y una empresa tecnológica estadounidense la transforma en un producto completamente diferente: un vehículo autónomo destinado a un servicio de movilidad.

Una paradoja que resume el futuro del automóvil

El caso del Ojai revela una de las contradicciones más interesantes de la actual industria del automóvil.

Estados Unidos mantiene importantes barreras comerciales y regulatorias frente a los vehículos eléctricos y conectados procedentes de China. Al mismo tiempo, una de las compañías estadounidenses más avanzadas en conducción autónoma considera que una plataforma china es suficientemente competitiva como para importar miles de unidades y convertirlas en la base de su nueva generación de robotaxis.

Desde la perspectiva de Waymo, la decisión tiene sentido: incluso con los aranceles, el Ojai puede ofrecer una plataforma mejor adaptada al transporte autónomo y potencialmente más eficiente que transformar vehículos convencionales mucho más caros.

Para el consumidor estadounidense, la imagen resulta bastante más desconcertante.

Puede ver estos vehículos chinos circulando por las calles de San Francisco, Los Ángeles o Phoenix, llevando pasajeros y trabajando para una de las empresas tecnológicas más importantes del país. Pero, si quisiera comprar uno para sí mismo, se encontraría con una realidad completamente distinta.

Y quizá ahí reside la verdadera ironía de esta historia: el coche chino sí ha conseguido entrar en Estados Unidos, pero por ahora parece tener más posibilidades de hacerlo como herramienta tecnológica de una empresa estadounidense que como automóvil para el ciudadano común.

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