Bill Gates defiende impuestos a los multimillonarios en la era de la IA: “La caridad no puede sustituir la red de seguridad social”

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Bill Gates ha defendido la creación de impuestos a los multimillonarios en la era de la inteligencia artificial, argumentando que la desigualdad no puede resolverse solo con donaciones benéficas y que la responsabilidad principal recae en los gobiernos.

En una entrevista con Fortune publicada el 6 de noviembre, el cofundador de Microsoft señaló que gravar la riqueza extrema (con medidas similares al impuesto a los multimillonarios que se debate en California) podría ser la respuesta más adecuada al aumento de la brecha económica que la IA está impulsando.

Su argumento parte de una observación concreta: los fundadores de empresas de IA y los hogares que poseen acciones de esas compañías están viendo crecer su patrimonio a un ritmo que amplía la distancia con el resto de la población.

¿Por qué la IA agrava la desigualdad?

Gates relaciona el auge de la inteligencia artificial con un fenómeno que los economistas llaman economía en forma de K. En este modelo, tras una recesión o una transformación tecnológica, los sectores con acceso a capital y tecnología se recuperan y crecen, mientras los sectores con salarios bajos y menor cualificación siguen cayendo o se estancan. La recuperación dibuja una K: una línea sube, la otra baja.

Los datos de la Reserva Federal respaldan esa preocupación. El 1% más rico de Estados Unidos posee más de la mitad de las acciones del país. Eso significa que cualquier ganancia bursátil, presente o futura, fluye de forma desproporcionada hacia ese grupo. Si la IA impulsa los beneficios de las tecnológicas, como ha ocurrido en los últimos años, los principales beneficiarios serán los accionistas, que ya están concentrados en la cúspide de la distribución de la riqueza.

La crítica a la filantropía como solución

El punto más contundente de la intervención de Gates es su rechazo a la idea de que la filantropía pueda sustituir a la fiscalidad redistributiva.

“La responsabilidad principal de resolver la desigualdad siempre recae en el gobierno. La donación benéfica es voluntaria por naturaleza; no se puede esperar que la caridad actúe como red de seguridad social.”

La frase tiene peso porque viene de alguien que ha donado sumas extraordinarias. A principios del año pasado, Gates anunció que destinaría aproximadamente 100.000 millones de dólares a la Fundación Gates, con la condición de que el dinero debe gastarse en los siguientes veinte años. En aquel momento describió esa cifra como “casi toda mi riqueza”.

Aun así, Gates sostiene que incluso una donación de esa magnitud resulta insuficiente frente a la escala del problema. La filantropía puede financiar programas concretos, pero no puede reemplazar un sistema fiscal que distribuya la carga de forma progresiva.

La propuesta fiscal de Gates

Gates aboga por impuestos progresivos sobre el patrimonio, en los que la carga aumente en función del nivel de riqueza. Después de pagar esos impuestos, cada persona decide cuánto de lo que le queda destina a causas benéficas.

Su razonamiento es que el impuesto establece un suelo de contribución obligatoria, mientras que la donación añade una capa voluntaria por encima. Sin el primero, la redistribución depende de la buena voluntad de unos pocos, lo que deja desprotegidos a quienes más lo necesitan.

También ha mencionado que, una vez aplicados esos impuestos, hay personas con visión de futuro a las que merece la pena observar: gente que se pregunta, desde joven, cómo puede aportar más, tanto dentro de su país como en el ámbito global, y cómo puede complementar la labor asistencial que ya realizan los gobiernos.

La propuesta anterior: gravar los robots y los tokens de IA

La posición de Gates sobre la fiscalidad de la IA no es nueva. En agosto de este año publicó un artículo en el que señalaba una asimetría del sistema tributario actual.

“Una empresa que contrata empleados paga impuestos en función de los salarios. Pero cuando compra robots, normalmente puede deducir el coste de compra como gasto operativo antes de impuestos. Ese sistema fiscal está incentivando, de hecho, que las empresas sustituyan personas por máquinas.”

Su propuesta era gravar el consumo de tokens de modelos de IA y el uso de robots, de forma análoga a como se grava el trabajo humano. La lógica es que, si el sistema fiscal penaliza la contratación y bonifica la automatización, el resultado será una reducción del empleo y una concentración mayor de la riqueza en quienes poseen la tecnología.

El contexto del debate en California

La propuesta de Gates conecta con una discusión política activa en Estados Unidos. En California se debate un impuesto a los multimillonarios que gravaría el patrimonio de los residentes con más de mil millones de dólares. La medida ha generado división entre los propios empresarios tecnológicos: algunos la apoyan, otros han amenazado con trasladarse a otros estados.

Gates no se ha pronunciado sobre la propuesta californiana en concreto, pero su intervención en Fortune sugiere que respalda el principio de gravar la riqueza extrema en lugar de confiar en la caridad.

¿Qué falta por confirmar?

Gates no ha detallado qué tipo de impuesto específico propone, a qué escala debería aplicarse —nacional, estatal o internacional— ni cómo debería coordinarse entre países para evitar que los multimillonarios trasladen su residencia fiscal a jurisdicciones más favorables.

Tampoco ha especificado si su propuesta de gravar los tokens de IA y los robots se ha traducido en alguna iniciativa legislativa concreta o si sigue siendo una idea en el terreno del debate público.

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