Quemadas antenas de Starlink que ofrecían soporte a Ucrania en Bulgaria, fueron saboteadas por Rusia y hay una decena de sabotajes más

quemadas antenas de starlink que ofrecían soporte a ucrania en bulgaria y una decena de sabotajes contra la industria de defensa europea ejecutados por rusia

Once de las diecisiete antenas de Starlink instaladas en un recinto de alta seguridad cerca de Sofía fueron incendiadas deliberadamente por dos individuos enmascarados.**

El diputado búlgaro Ivaylo Mirchev, del partido Sí Bulgaria, denunció el ataque y cuestionó la respuesta de los servicios de seguridad ante lo que calificó como un “sabotaje vinculado a Rusia”.

Las antenas incendiadas, forman parte de la red de comunicaciones por satélite de SpaceX, una infraestructura clave que también proporciona conexión a las fuerzas ucranianas en el frente.

El incidente no es un hecho aislado. Se enmarca en una campaña sistemática de sabotajes que, según los servicios de inteligencia europeos, Rusia ha ordenado intensificar contra empresas que suministran armas y tecnología a Ucrania.

En lo que va de 2026, autoridades de siete países investigan al menos diez casos de posible sabotaje contra firmas del sector de defensa y nueve de las empresas afectadas coinciden en ser suministradoras de armamento o tecnología a Kiev.

La conexión con la guerra en Ucrania: Starlink como objetivo estratégico

El ataque a las antenas búlgaras no es casual. La inteligencia militar ucraniana (HUR) advirtió que Rusia ha ordenado a sus servicios de inteligencia intensificar las operaciones híbridas en países de la UE y la OTAN, con objetivos que incluyen instalaciones militares, infraestructura crítica y sistemas de comunicaciones.

Entre los objetivos potenciales, la HUR mencionó explícitamente las estaciones terrestres de Starlink en territorio europeo.

La conexión con Ucrania es directa. El 23 de septiembre, un incendio destruyó parcialmente una estación terrestre de Starlink en Polonia. El viceprimer ministro polaco, Krzysztof Gawkowski, calificó el suceso como “sabotaje” y afirmó que “todo indica que fue un acto deliberado” para “interrumpir el acceso a internet de los terminales Starlink” en el frente ucraniano.

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Detalles de material incendiario requisado por policía de Eslovenia a un individuo de nacionalidad letona, detenido antes de incendiar una fábrica de drones de Skyeton

Dos ciudadanos turcos fueron detenidos en Alemania como sospechosos del incendio, según anunció el primer ministro polaco, Donald Tusk.

La lista de objetivos: una campaña metódica contra la industria de defensa

La ola de sabotajes sigue un patrón claro. Diez de los once casos registrados este año se concentraron en solo 42 días, entre el 4 de agosto y el 12 de septiembre. El método elegido es siempre el incendio, y las firmas afectadas comparten un denominador común: todas suministran a Ucrania.

Las empresas atacadas incluyen firmas de capital ucraniano, alemán, polaco, búlgaro, checo y francoalemán:

Estonia: Milrem Robotics (Tallin, 15 de agosto). Un incendio destruyó parcialmente una planta de esta empresa, fabricante del robot Themis, un vehículo autónomo terrestre ampliamente utilizado en el frente ucraniano. El gobierno estonio, basándose en su servicio de inteligencia KAPO, concluyó que Rusia ordenó el ataque incendiario.

Alemania: Helsing (Múnich, 3 de septiembre). Dos artefactos incendiarios fueron lanzados desde un vehículo contra una obra cercana a las sedes de Rohde & Schwarz y Helsing, fabricante de drones de combate con IA. Dos ciudadanos búlgaros fueron detenidos. Los investigadores alemanes vinculan el ataque con la inteligencia militar rusa (GRU).

Alemania: Aeropuerto de Leipzig (4 de agosto). Un dron con explosivos fue hallado en la terminal de carga del aeropuerto, cerca de aviones de la aerolínea ucraniana Antonov Airlines. El gobierno alemán señala directamente al GRU.

Polonia: WB Electronics y JFG Composites (31 de agosto – 1 de septiembre). Incendios en una planta de componentes para drones en Skarżysko-Kamienna y en una fábrica de componentes aeronáuticos en Lublin. El primer ministro Tusk afirmó que “no hay duda de que hubo un incendio provocado” y calificó el acto como “sabotaje”.

República Checa: LPP Holding (Pardubice, 20 de marzo). Un incendio en una nave de esta empresa de sistemas ópticos para drones causó daños estimados en cientos de millones de coronas. La policía checa no considera el fuego casual y la investigación, con múltiples detenciones, baraja la pista rusa junto a la de una posible operación de falsa bandera.

Bulgaria: EMCO (agosto y septiembre). Dos incendios en depósitos de munición de EMCO Group, el principal fabricante de munición de artillería de Bulgaria. La empresa calificó el fuego como “sabotaje” y descartó el error humano. Su propietario, Emilian Gebrev, fue objetivo de un intento de envenenamiento con Novichok en 2015.

Eslovaquia: Skyeton (Bresov, 26 de agosto). Un ciudadano letón fue detenido cuando portaba líquido inflamable, mascarillas y un activador eléctrico frente a instalaciones de esta firma ucraniana, fabricante del dron de reconocimiento Raybird.

El modus operandi: fuego, anonimato y plausible negación

El método es simple y difícil de atribuir. Un individuo embozado se acerca a la puerta de una nave industrial con una o dos botellas de plástico llenas de combustible. Coloca el cuello de la botella entre la puerta de acero y el suelo, la pisa con fuerza y proyecta el líquido al interior. Después, prende fuego a la humedad exterior y se marcha.

En ninguno de los casos investigados en Europa ha sido detenido un agente del GRU o del FSB. Las policías construyen una trazabilidad que siempre se trunca. Como explica una fuente policial citada por El Periódico, “hoy los servicios secretos no necesitan arriesgar a sus oficiales para trabajos sucios como estos”. Es menos problemático y más seguro contratar a un peón de una mafia local que, además, probablemente no sepa quién le paga.

La respuesta europea: protocolos de emergencia y consultas al amparo del Artículo 4

La inteligencia europea ha elevado el tono. El Financial Times, citando a representantes de cinco servicios de inteligencia, informó de que el Kremlin ha ordenado intensificar las operaciones de sabotaje y que los ejecutivos de empresas de defensa podrían ser objetivo de atentados y operaciones de intimidación. El servicio de seguridad danés (PET) alertó de intentos rusos de sabotaje contra empresas que suministran a Ucrania.

La OTAN ha celebrado consultas de emergencia al amparo del Artículo 4 a petición de Polonia y Estonia. La UE estudia la creación de un “protocolo de seguridad de emergencia” (un mecanismo estilo OTAN para coordinar respuestas colectivas ante ataques híbridos que quedan por debajo del umbral del Artículo 5). La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ha advertido de que “Rusia planea más actos de sabotaje” con el objetivo de “dividirnos”.

El Kremlin niega sistemáticamente cualquier implicación. El portavoz Dmitry Peskov ha calificado las acusaciones estonias como “infundadas” y “sin absolutamente ninguna relación con la realidad”.

El silencio de Sofía y las preguntas sin responder

El ataque a las antenas de Starlink en Bulgaria añade un elemento de opacidad a la campaña. El diputado Mirchev criticó que el Ministerio del Interior ni siquiera hubiera informado del incidente y que el caso apenas hubiera tenido repercusión mediática.

En su publicación, Mirchev recordó que días antes, en una reunión del Consejo Consultivo de Seguridad Nacional, el jefe de la Agencia Estatal de Seguridad Nacional (SANS) le había asegurado que la contrainteligencia trabajaba activamente para contrarrestar las operaciones de sabotaje vinculadas a Rusia. “Claramente, no lo está haciendo bien”, concluyó el diputado.

La sombra de una guerra que no se declara

La guerra híbrida rusa contra Europa ha dejado de ser una hipótesis para convertirse en una realidad operativa. Los informes de inteligencia occidentales confirman un aumento de cuatro veces en las operaciones de sabotaje rusas en Europa desde 2024. Y el método (el incendio, el anonimato, la plausible negación) está diseñado para no cruzar el umbral que activaría una respuesta militar colectiva.

Pero el sabotaje repetido contra la infraestructura de comunicaciones (como las antenas de Starlink que conectan a las fuerzas ucranianas) y contra las fábricas que producen las armas que sostienen a Kiev no es un acto simbólico. Es una estrategia de desgaste que busca encarecer, retrasar y desalentar el apoyo europeo a Ucrania. Y por ahora, está funcionando.

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