Meta ha vuelto a mover ficha en la partida por el control de la infraestructura digital global. La compañía ha anunciado la construcción de Petal, el primer cable submarino transoceánico de la historia capaz de transportar un petabit por segundo, una cifra que duplica la capacidad de los sistemas más avanzados que existen hoy en día y que redefine lo que significa conectar continentes.
El proyecto, que unirá Estados Unidos y Francia a lo largo de aproximadamente 7.000 kilómetros, entrará en servicio en 2029 y se convierte en la mayor inversión generacional en capacidad de un cable transoceánico jamás realizada.
La noticia, publicada por Meta en su blog oficial, llega en un momento en el que la demanda de datos se multiplica exponencialmente; impulsada por la inteligencia artificial, el streaming y la computación en la nube.
Los cables submarinos que transportan aproximadamente el 99% del tráfico intercontinental, se han convertido en la infraestructura crítica sobre la que se sustenta la economía digital. Y Petal no es una simple actualización: es un salto de escala que podría marcar el estándar de las próximas décadas.
Un petabit por segundo es la cifra que lo cambia todo
Si quieres entender la magnitud de Petal, hay que traducir el número a términos comprensibles. Un petabit por segundo equivale a 1.000 terabits por segundo, mil veces más que un gigabit por segundo.
Meta lo describe como “la capacidad de red necesaria para que el 75% de la población mundial escuche música en streaming al mismo tiempo”. Es una cifra que no responde a una necesidad actual, sino a una apuesta por el futuro. La compañía no está construyendo para el tráfico de hoy, sino para el de la próxima década.
La clave técnica que hace posible esta hazaña es el uso de fibra multinúcleo de dos núcleos. Mientras que la fibra óptica convencional transporta la luz a través de un único núcleo, la fibra de Petal coloca dos núcleos dentro de cada hebra. Con una configuración de 24 pares de fibra, el sistema equivale funcionalmente a 48 pares convencionales, lo que permite duplicar la capacidad sin duplicar el número de fibras ni el consumo energético asociado.
Es la primera vez que esta tecnología se despliega a escala transoceánica. Sumitomo Electric, uno de los socios del proyecto, aporta su fibra “2C Z-PLUS Fiber ULL”, un producto que representa décadas de investigación en pérdida ultra baja.
NEC, por su parte, se encarga del diseño y la construcción del sistema completo, mientras que Orange, la operadora francesa, gestiona el desembarco del cable en la costa atlántica de Francia.
Un proyecto sin precedentes en la industria
Meta no es nueva en el negocio de los cables submarinos. La compañía ha invertido en más de 20 proyectos, desplegando cientos de miles de kilómetros de infraestructura en todo el mundo. Pero Petal es diferente. No se trata solo de añadir un cable más a una red existente, sino de establecer un nuevo estándar para lo que un cable transoceánico puede lograr.
La comparación con Anjana, el sistema de 24 pares de fibra que Meta, NEC y Sumitomo desarrollaron anteriormente, resulta ilustrativa. Petal duplica la capacidad de Anjana manteniendo la misma arquitectura de 24 pares, gracias a la incorporación del segundo núcleo en cada fibra. Es un ejemplo de cómo la innovación en materiales y diseño puede multiplicar el rendimiento sin necesidad de multiplicar los recursos.
El sistema también incorpora avances en los repetidores ópticos, con tecnología de alta densidad que permite instalar 48 pares de amplificadores en un solo cuerpo y un diseño que, permite alimentar el sistema desde una única estación terminal, mejorando la resiliencia y reduciendo la complejidad operativa.
La infraestructura que sostiene la era de la IA
El anuncio de Petal no puede entenderse sin el contexto de la explosión de la inteligencia artificial. Los modelos de lenguaje, los sistemas de recomendación y las aplicaciones de IA generativa consumen cantidades ingentes de datos, tanto para su entrenamiento como para su funcionamiento diario.
Esa demanda no se distribuye de manera uniforme: requiere conexiones de altísima capacidad y baja latencia entre los centros de datos que albergan los modelos y los usuarios que los utilizan.
Meta, como una de las mayores empresas de tecnología del mundo, tiene un interés directo en garantizar que esa infraestructura exista. Petal no es solo un proyecto de conectividad global; es una inversión estratégica para asegurar que la compañía pueda manejar las demandas futuras de cómputo y datos de manera eficiente.
La elección de Francia como punto de anclaje en Europa no es casual. Francia se ha convertido en un hub tecnológico clave del continente, con una creciente industria de centros de datos y una posición geográfica privilegiada para la conexión con América del Norte. El apoyo de Orange, una de las principales operadoras de telecomunicaciones de Europa, refuerza la dimensión estratégica del proyecto.
El futuro de la conectividad global
Petal entrará en servicio en 2029, pero su impacto se sentirá mucho antes. La construcción de un cable de estas características implica años de trabajo, desde la fabricación de la fibra hasta el tendido en el fondo del Atlántico, pasando por la instalación de los repetidores y la conexión en tierra.
Cada etapa, representa un desafío de ingeniería y logística que moviliza a cientos de personas y requiere una coordinación precisa entre múltiples países.
Cuando el cable esté operativo, se convertirá en una de las arterias principales de la red global y aunque la mayoría de los usuarios nunca sabrá que Petal existe, todos se beneficiarán de él: cada mensaje enviado por WhatsApp, cada vídeo reproducido en streaming, cada consulta a un asistente de inteligencia artificial, dependerá en algún punto de la infraestructura que Meta está construyendo bajo el Atlántico.
La compañía ha dejado claro que Petal no es el final del camino, sino un paso más. Meta seguirá invirtiendo en cables submarinos, en fibra de nueva generación y en tecnologías que permitan transportar cada vez más datos con menos recursos.
La era de la inteligencia artificial apenas comienza y la infraestructura que la sostendrá se está tendiendo ahora, fibra a fibra, kilómetro a kilómetro, por el fondo del océano.
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