IBM apuesta mil millones de dólares por convertirse en la TSMC de la era cuántica

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IBM quiere volver a ser el gigante que fue. La compañía que dominó la informática durante décadas, que inventó el disco duro, el código de barras y el lenguaje SQL, se ha quedado rezagada en la ola de la inteligencia artificial.

Mientras Nvidia, Microsoft y Google se reparten el pastel de los centros de datos y los modelos de lenguaje, Big Blue ha visto cómo su cotización se desplomaba un 25% en un solo día (su peor jornada bursátil desde los años sesenta) tras unos resultados trimestrales decepcionantes.

Pero IBM no se rinde. Ha decidido saltarse la ola actual y apostar por la siguiente: la computación cuántica. Y lo hace con una jugada que podría redefinir su lugar en la industria tecnológica.

El gobierno federal de Estados Unidos acaba de entregar el primer cheque de mil millones de dólares a Anderon, la subsidiaria de IBM creada específicamente para este proyecto. El objetivo es construir la primera fundición de obleas cuánticas de propósito exclusivo en territorio estadounidense.

IBM ha comprometido otros mil millones de dólares adicionales para poner en marcha la instalación, ubicada en el norte del estado de Nueva York, con la esperanza de convertirla en la TSMC de la era cuántica: un proveedor crítico para toda una industria emergente, y un recordatorio de que IBM todavía puede liderar la próxima revolución tecnológica.

¿Qué fabricará Anderon y por qué importa?

La fundición, liderada por Mukesh Khare, responsable de semiconductores de IBM, producirá matrices de qubits superconductores, señalización de entrada/salida cuántica y componentes de la cadena de lectura de señales. Para el lector no especializado, estos términos pueden sonar a ciencia ficción.

Y en cierto modo lo son: los ordenadores cuánticos capaces de resolver problemas que la computación clásica no puede abordar se construyen sobre sistemas que operan en condiciones extremas, a temperaturas cercanas al cero absoluto, donde las leyes de la física se comportan de forma radicalmente distinta a como estamos acostumbrados.

Lo importante, sin embargo, no es la jerga técnica, sino el hecho de que IBM ya ha alcanzado hitos operativos significativos en la fase de demostración de la instalación. Eso le da confianza para dar el salto a la producción comercial. Y no se trata solo de fabricar para sí misma.

Al estilo de TSMC, la compañía planea convertirse en un proveedor fundamental para toda una industria cuántica en ciernes, que también acaba de recibir un impulso del gobierno.

A principios de este mes, los desarrolladores cuánticos Rigetti Computing, D-Wave Quantum y Quantinuum recibieron cada uno hasta 100 millones de dólares del Departamento de Comercio de Estados Unidos, a cambio de una pequeña participación accionaria.

La analista de Citi, Fatima Boolani, señaló a Barron’s que esta ola de financiación otorga credibilidad al mercado emergente y añadió que “hay una oportunidad real de comercializar esta tecnología”.

No todos están firmando, sin embargo. Un ejecutivo de Google Quantum AI declaró este verano que la unidad había rechazado la financiación federal, argumentando que venía con “diversas condiciones” que podrían ralentizar la investigación. Es un recordatorio de que, en el mundo de la computación cuántica, no todos los caminos hacia el progreso pasan por el dinero del gobierno.

El contexto: IBM necesita un salto cuántico

La apuesta de IBM por la computación cuántica no es altruista. Es una cuestión de supervivencia. En julio, la compañía sufrió su peor día en bolsa desde que hay registros, allá por los años sesenta, con una caída del 25% tras publicar resultados preliminares del segundo trimestre que decepcionaron al mercado.

El problema es doble: IBM se ha quedado completamente fuera de la ola de la inteligencia artificial, y sus ventas de hardware heredado están sufriendo a medida que las empresas redirigen su gasto hacia la IA.

Como dice el viejo refrán: si no puedes vencerlos, y no puedes unirte a ellos, sáltate directamente al siguiente gran avance tecnológico. Eso es exactamente lo que está haciendo IBM.

Mientras sus competidores se pelean por una porción del mercado de la IA, la compañía está construyendo la infraestructura para la próxima era de la computación, una en la que los qubits reemplacen a los transistores y los problemas que hoy consideramos irresolubles se conviertan en meros ejercicios de cálculo.

La estrategia de la fundición: el modelo TSMC aplicado a lo cuántico

La decisión de crear una fundición de propósito exclusivo para tecnología cuántica es estratégicamente brillante por varias razones. En primer lugar, la computación cuántica requiere procesos de fabricación radicalmente distintos a los de los chips clásicos.

Los qubits superconductores, por ejemplo, deben fabricarse en entornos ultralimpios y con materiales que no se utilizan en la producción de semiconductores convencionales. Una fundición especializada puede optimizar estos procesos sin las limitaciones de una fábrica que también produce chips tradicionales.

En segundo lugar, el modelo de fundición permite a IBM capturar valor de todo el ecosistema cuántico, no solo de sus propios productos. Si Anderon se convierte en el proveedor de referencia para startups como Rigetti, D-Wave o Quantinuum, IBM se posiciona como el actor indispensable de la industria, del mismo modo que TSMC es indispensable para Apple, Nvidia y AMD.

En tercer lugar, la financiación federal asegura que el proyecto no dependa exclusivamente de la capacidad de IBM para generar ingresos en el corto plazo. El gobierno estadounidense ha identificado la computación cuántica como una tecnología estratégica, y está dispuesto a invertir para asegurar que Estados Unidos no dependa de proveedores extranjeros en un área tan crítica como la fabricación de hardware cuántico.

Los desafíos: de la demostración a la producción comercial

A pesar del optimismo, el camino hacia la producción comercial a gran escala está lleno de obstáculos. La computación cuántica sigue siendo una tecnología inmadura, con tasas de error elevadas y una estabilidad que deja mucho que desear.

Los qubits son extremadamente frágiles y pierden su estado cuántico en fracciones de segundo si no se controlan con precisión. La fabricación de matrices de qubits a escala industrial requiere un nivel de control de calidad que aún no se ha demostrado.

Además, el mercado de la computación cuántica es todavía incipiente. Las empresas que podrían beneficiarse de esta tecnología —farmacéuticas, instituciones financieras, compañías de logística— están en fase de experimentación, no de adopción masiva. La demanda de obleas cuánticas producidas en masa podría tardar años en materializarse, y IBM tendrá que sostener la inversión durante ese período sin ingresos significativos.

La competencia tampoco se queda quieta. Google, Microsoft, Amazon y decenas de startups están desarrollando sus propias tecnologías cuánticas, y algunas apuestan por enfoques radicalmente distintos, como los qubits topológicos o los iones atrapados. Si el estándar de la industria acaba siendo otro, la inversión de IBM en qubits superconductores podría quedar obsoleta antes de dar frutos.

Una apuesta a largo plazo con el respaldo del gobierno

La construcción de Anderon es, en esencia, una apuesta a diez o veinte años vista. IBM no espera beneficios inmediatos. Lo que busca es posicionarse en el centro de una industria que, si las predicciones se cumplen, transformará sectores enteros de la economía global. La financiación federal le da oxígeno para perseguir esa visión sin la presión de los mercados, que ya han castigado duramente sus resultados trimestrales.

El gobierno estadounidense, por su parte, ve en esta inversión una forma de asegurar la soberanía tecnológica del país en un área donde China también está invirtiendo miles de millones.

La computación cuántica tiene implicaciones para la criptografía, la simulación de materiales, la optimización de sistemas complejos y la inteligencia artificial. Quien domine esta tecnología tendrá una ventaja estratégica difícil de exagerar.

El futuro de IBM pasa por los qubits

IBM ha decidido que su futuro no está en competir con Nvidia por el mercado de la IA, sino en construir los cimientos de la próxima revolución computacional. Es una apuesta arriesgada, costosa y llena de incertidumbres. Pero también es la única apuesta que tiene sentido para una compañía que ha quedado rezagada en la ola tecnológica actual y necesita desesperadamente un nuevo comienzo.

Si Anderon se convierte en la fundición de referencia para la industria cuántica, IBM habrá logrado lo que parecía imposible: resurgir de sus cenizas y volver a liderar el sector tecnológico. Si fracasa, habrá gastado miles de millones en un sueño que nunca se materializó.

Pero en un mundo donde la innovación avanza a un ritmo vertiginoso y las empresas que no se reinventan desaparecen, la apuesta de IBM es, quizás, la más sensata que podía hacer. La era cuántica está llamando a la puerta. Y Big Blue quiere ser quien la abra.

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